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Estrés laboral, la moda de este siglo

Por: Redacción 11/05/2017

En la República de Panamá aún no se cuenta con una ley específica para normar el estrés laboral, la aplicable en este ámbito es D. Ejec N°2; Resolución N° 45-588-2011.

El concepto de estrés se remonta a la década de 1930, cuando un joven austríaco de 20 años de edad, estudiante de segundo año de la carrera de medicina en la Universidad de Praga, Hans Selye, hijo del cirujano austríaco Hugo Selye, observó que todos los enfermos a quienes estudiaba, indistintamente de la enfermedad propia, presentaban síntomas comunes y generales: cansancio, pérdida del apetito, baja de peso, astenia, etc. Esto llamó mucho la atención a Selye, quien lo denominó el "Síndrome de estar Enfermo".

Selye consideró entonces que varias enfermedades desconocidas como las cardiacas, la hipertensión arterial y los trastornos emocionales o mentales no eran sino la resultante de cambios fisiológicos resultantes de un prolongado estrés en los órganos de choque mencionados y que estas alteraciones podrían estar predeterminadas genética o constitucionalmente.

Sin embargo, al continuar con sus investigaciones, integró a sus ideas, que no solamente los agentes físicos nocivos que actuaban directamente sobre el organismo animal, eran productores de estrés, sino que además, en el caso del hombre, las demandas de carácter social y las amenazas del entorno del individuo que requieren de capacidad de adaptación provocan el trastorno del estrés.

El estrés laboral es uno de los principales problemas para la salud, que enfrentan los trabajadores, esto implica un enorme costo tanto en la afectación del deterioro de la salud del ser humano en todas sus manifestaciones impactando su entorno familiar, laboral y en perjuicios económicos.

Este puede afectar a toda persona, sin importar el nivel jerárquico de la estructura organizacional de la empresa, de cualquier sector, sin importar el tamaño de la misma. Tiene implicaciones en la salud, la conducta emocional y la seguridad de las personas y repercute en el ambiente organizacional y las economías nacionales.

El mismo provoca enfermedades y sufrimiento a las personas, tanto en su trabajo como en el hogar. Puede igualmente poner en peligro la seguridad en el lugar de trabajo y contribuir a otros problemas de salud laboral, como los trastornos músculo esqueléticos. Además, afecta de forma importante a los resultados de las organizaciones. La reducción del estrés laboral y los riesgos psicosociales no es solo una obligación moral, sino también un imperativo legal que deben ser atendidos por profesionales, para el manejo de los mismos.

Dentro de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales a los factores psicosociales, muchos de los precursores del estrés laboral y de sus consecuencias, así como en el número de grupos de investigación o en el número creciente de publicaciones (de divulgación o científicas), destacan en los últimos años un enfoque interdisciplinario que trata de dilucidar la relación entre los antecedentes psicosociales en el trabajo y las consecuencias psicobiológicas, centrándose principalmente en las patologías cardiovasculares, aunque sin dejar de lado otros factores biológicos como los endocrinos e inmunológicos.

Sin embargo, a nuestro modo de entender estos estudios se centran en indicadores generales de salud (hipertensión, patologías cardiovasculares) y no se centran en los aspectos concretos del día a día. Lo positivo de todo ello es que el estrés laboral puede tratarse de la misma forma lógica y sistemática que otros problemas de salud. Greenglass et al. (1998) encontraron que en las mujeres el apoyo social de las compañeras disminuía el agotamiento emocional, mientras que en los hombres el apoyo del supervisor y de los compañeros llevaba a un mayor sentimiento de realización personal. Además, el control interno alto se asociaba con mayor sentimiento de realización personal solo en el caso de los hombres.

Según el tipo de puesto tenemos trabajos activos, donde las demandas son altas y se ejerce un alto control. Son trabajos desafiantes y reforzantes, teniendo las personas recursos para solventar los retos propuestos. En este caso, el estrés laboral produce un mínimo de cansancio laboral y no afecta excesivamente a la salud. En un segundo bloque, encontramos los trabajos pasivos que tienen pocas demandas y poca libertad de decisión o control. En este caso, la hipótesis que se establece es que las personas tendrían altos niveles de cansancio o de riesgo de enfermedad, similares a los trabajadores activos.

Los efectos perjudiciales de los trabajos pasivos serían la pérdida de motivación y de las habilidades adquiridas. El tercer tipo de trabajo incluye aquellos en los que las demandas son fácilmente asumible por la libertad de decisión o control de la persona; es decir, la persona tiene control sobre su trabajo (hay bajas demandas y alto control). Estas personas son las que menos riesgo tienen de padecer enfermedades o desequilibrio psicológico por el trabajo.

Catedrático universitario 

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