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Estrés postraumático global


Tras casi un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal, la extensión y profundidad de la crisis económica actual, especialmente en los países desarrollados, ha dejado una estela cada vez más ancha de escepticismo que poco a poco se ha ido transformando en un estado de conmoción pública. Curiosamente, las vapuleadas economías latinoamericanas, un poco curtidas por el espanto y otro poco inmunizadas de tantas “libertades” sostenidas con el hacha del verdugo, van sorteando la tormenta.

No es novedad alguna afirmar que la libertad individual es el centro en que descansan las demás libertades y los otros dos pilares del neoliberalismo económico: el libre mercado y el Estado minimalista. Creo con Canguilhem, que la búsqueda del error es el fundamento del pensamiento humano. Pues bien, descubrir, aunque sea tardíamente, que es un error admitir que el “individuo autónomo se comporta de manera racional” o que “en la relaciones entre individuos la libertad absoluta es prioritaria y que en esa relación, los valores relevantes caen en el ámbito de la ética individual y de la filosofía, pero fuera del campo económico” ha dado origen a este tipo de estrés económico postraumático global.

Para Friedman, la responsabilidad primaria de la economía es la de obtener beneficio. Como vemos, para el otro padre del neoliberalismo, la ética debe estar sometida a la libertad del individuo. Consideración que a mi juicio debiera ser al revés: la libertad individual debe estar sometida a las normas éticas de la sociedad. Desde ya, la pregonada responsabilidad social empresarial, no es nada más que la aplicación de reglas, en un contexto moralmente justo, aceptadas libremente para la obtención de beneficios mutuos.

La ineludible necesidad de pactar contratos y tratados económicos, pone en evidencia la precaria racionalidad en el comportamiento del individuo dejado en libertad para hacer negocios. Galbraith advertía que el principal problema social radica en la desproporción entre el derroche privado y la pobreza pública (carencia de escuelas, hospitales y carreteras). Los ejemplos de corrupción pública y privada son sobradamente conocidos y no deja de ser otro de los principales causantes de la presente crisis.

El economista brasileño E. Giannetti, afirma que este egoísmo ético individual, se basa en la teoría del choque de intereses como motor de la producción y la riqueza. Y propone: “La presencia de valores morales y la adhesión a normas de conducta éticas, son requisitos indispensables para que en el mercado se instaure como regla la conciencia civilizada”. Esto es, competir dentro de normas que hagan de la suma de las libertades individuales un Estado democrático, responsable y justo.

Admito que “en tiempo de crisis cualquier ideología es un bien de lujo”. Pero no por eso debemos seguir a cualquier flautista encantador, venga de Chicago o de Caracas, porque como nos advirtiera James Joyce: “¿Qué clase de alivio sería abandonar una idea absurda, pero coherente y lógica, para abrazar otra que es incoherente e ilógica?”.