Estudios recientes
En Norteamérica parece que el matrimonio entre contrayentes de nivel cultural superior es de carácter más sólido que en los que han accedido a él con menor escolarización. Parece que en los estudios y encuestas se traza una línea entre los dos “tipos” de matrimonios estudiados a que nos referimos.
Todo ello redunda en la estabilidad o fragilidad matrimonial, que con el paso de los años -de los setenta- a las actuales décadas ha ido disminuyendo paulatinamente la primera, dando paso a vivir en pareja, que también es más frecuente en las de nivel más bajo.
Estos, digamos, informes cifran el debilitamiento del matrimonio en los Norteamericanos primordialmente debido a la reticencia a los valores tradicionales, influida por el descenso de las prácticas religiosas, conflicto de pareja, problemas emocionales o maternidad en solitario.
Según se va hacia el matrimonio, al que antes se podía aspirar normalmente y ahora es como un coto de la clase acomodada, se abre una línea divisoria social y cultural.
Las personas pueden penar que no casándose están evitando la vivencia matrimonial, pero con su elección están reafirmando el matrimonio, la realidad matrimonial.
La mayoría de nuestros modos de vida tradicionales han sobrevivido porque tienen la garantía del tiempo y su funcionamiento. Este compromiso ancestral es fiable, es la garantía del compromiso, a veces devaluado por el afán destructor de los infelices, infieles y desconfiados de su misma bondad que, aunque recóndita, pueda algún día ver la luz de lo que es valorable. La persona y su fiabilidad humana.
*Jerez de la Frontera (España), www.lascartasdealfredo.tk
