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Eterno sufrimiento


Una vez más miles de personas en la ciudad capital volvieron a sufrir por la escasez del agua, tan derrochada en tiempos de abundancia.

Hace nueve meses, cuando se registró la primera crisis debido a los altos niveles de turbiedad en el Lago Alajuela y cuyo periodo se extendió por más de dos meses, los panameños empezaron a valorar un poco más este recurso.

Las campañas de concienciación de las autoridades y las inversiones en mano de obra y equipos para la planta potabilizadora de Chilibre hicieron presagiar un cambio.

Pero no fue así. Una vez vuelto a la normalidad, el problema apareció y empeoró.

Los usuarios están botando el agua y se han olvidado de pagar por el servicio que tanto reclaman cuando se les ve interrumpido.

Ha tenido que registrarse otro largo periodo sin agua para que la gente retome un pensamiento responsable en el uso de este valioso líquido.

Aunque esta vez la crisis fue provocada por un accidente, debido a un daño causado por una empresa constructora a una línea de 42 pulgadas en el corregimiento de Parque Lefevre, sus estragos tuvieron su impacto negativo, pues muchas personas tuvieron que quedarse en casa y los negocios no pudieron abrir sus puertas.

Es hora de que el Gobierno, a través del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales, se planifique mejor para enfrentar este tipo de contratiempos.

No puede ser que toda una urbe quede prisionera por un día completo por la falta de agua ante este tipo de situaciones que, si bien no se deben a los estragos de la naturaleza, generan desesperación y más gastos.

La población no puede ser espectadora. Su participación es de suma importancia.