Ética política y social
Creo que todo hombre tiene y arrastra sus propias debilidades como también cada hombre lleva, sobre sus hombros, su propia fortaleza, sea esta mucha o poca. En lo que no puedo creer es que un hombre o una mujer se deje chantajear respecto a alguna debilidad o flaqueza, máxime si esta es evidentemente humana. Con lo cual quiero decir que siempre tendrá, sin duda alguna, validez absoluta aquel mandato, el apotegma apócrifo, una orden, del Señor Jesús cuando, dirigiéndose a la multitud, escribas y fariseos, que querían apedrear a la mujer descubierta en adulterio, dijo: “Lance la primera piedra todo aquel que se encuentre libre de pecado” (Juan 8:2-11). Nadie lo hizo.
ENTENDIERON MUY MAL EL MENSAJE, LO ACOMODARON A SUS PROPIOS INTERESES QUIENES HOY ENFRENTAN GRANDES ESCÁNDALOS DE CORRUPCIÓN COMPROMETIENDO LA PROPIA IMAGEN DEL GOBIERNO...
Me gusta citar, con frecuencia, en mis audiencias penales este pasaje bíblico, máxime en la actualidad secularizada, en todo sentido, por un materialismo perverso que, al mismo tiempo, se ha matrimoniado con un ateísmo arrastrante y de magnitudes planetarias. Como se ha dicho: “Hoy, en nuestro mundo, se da el hablar de Dios en unas condiciones totalmente secularizadas de una época atea. El ateísmo moderno es un fenómeno social a escala planetaria, con el que han de enfrentarse todas las religiones. Marca no solo a los incrédulos; también los creyentes harán bien en reconocer su propia participación en esa atmósfera común. Ya no vivimos en la Edad Media, en la que Dios era, por así decirlo, una “realidad pública”. Son muchas las razones de ese ateísmo. La emancipación del hombre moderno, a la que ya nos hemos referido, tiene o no pequeña parte. A Dios -que equivale a decir el Dios que presentan las Iglesias cristianas- se le siente cada vez menos como liberador, como el Dios de mi libertad; más bien se le experimenta como enemigo y obstáculo de la libertad humana y de la capacidad de autorrealización del hombre y de la configuración del mundo”·
Ahora bien, en la circunferencia de la moral y de la ética, creo que a nivel político y social, tenemos los panameños muchas cosas que precisar en esos ámbitos. Empecemos por la política. Si el señor presidente, al inicio de su gobierno, dijo a sus ministros y altos funcionarios, mensaje aplicable a todos por igual, que podían meter la pata, pero no la mano, y entendieron que si metían la pata –entendible si se cometen errores – errarem humanum est –, también se podía meter la mano –no aceptable–, debemos concluir que entendieron muy mal el mensaje, lo acomodaron a sus propios intereses quienes hoy enfrentan grandes escándalos de corrupción comprometiendo con ello la propia imagen del gobierno y la persona del primer mandatario de la nación, quien, en aras de la defensa de su integridad de gobernante, ha tenido que salir a rescindir licitaciones o contrataciones públicas en las que la exigencia normada de la ética pública y de la transparencia en dichos actos estaban totalmente ausentes.
Hay ministros, viceministros, directores de entidades autónomas y semiautónomas que se encuentran involucrados en escándalos de corrupción pública merced a los dineros del erario público, algunos de ellos ya fuera del entorno político y otros aún adentro. Y cuando no, vemos a tales funcionarios patrocinando encuentros o auspiciando reuniones, y hasta asistiendo a ellas, viajando al exterior, etc., con quienes licitan o contratan –personas naturales o jurídicas– con el Estado y facilitando el camino para ganarlas a costas del sacrificio de la transparencia y de la ética pública en dichos actos administrativos. Y como es lógico, mediando la coima, la añagaza, la artería, la vulgar coima. Hasta se comprometen bienes del Estado, con el desconocimiento del primer mandatario, y luego quien queda en el ojo de la tormenta, sin duda alguna, es él. Creo que el presidente debe estar atosigado de toda esa gentuza que lo quiere atrapar, que lo presiona, que le quiere indicar qué hacer o no hacer, pero pensamos que quien dirige a una nación como presidente, tiene el poder y la gallardía para hacer eso: gobernar, dirigir, liderar, y por ello, en entrega, anterior escribí que “lo que sí había demostrado el presidente Martinelli es el que ejerce autoridad, que manda, que gobierna”. Sígala ejerciendo. Libérese de los amantes de la vida palaciega.
Cuando nuestros actos son constitutivos de delitos, eso debe darnos vergüenza pública y si somos inocentes, hay que decirlo y demostrarlo, aunque la Constitución diga que “se presume nuestra inocencia”. Si no nos defendemos, más alimentaremos la duda y la incertidumbre, que siempre se presentan perversas.
A nivel social, este país marca en una descomposición social tenebrosa. El ateísmo que resalto en líneas superiores da muestra de que Panamá no escapa de esa influencia malsana. Los desfiles de la inmoralidad y de las perversiones sexuales cada año se hacen más concurridos.
Con desfachatez se muestra la cara de la desvergüenza y en expresión de un falso gozo, que no es otra cosa que el padecimiento espiritual de míseras almas. Pero de dichas flaquezas tendremos que rendir cuenta a Dios, nuestro Creador. Pero nos toca repetir la frase exhortativa del Señor: ¡Vete y no peques más!