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Ética y pinchazos


REDACCION / PANAMA AMERICA

Es lamentable que el Pacto de Ética Electoral firmado por partidos políticos y medios de comunicación cada día se asemeje más a un libreto de La Cáscara. Grabaciones comprometedoras de candidatos y legisladores; denuncias solo para averiguar quién grabó y no qué asuntos bochornosos de las grabaciones merecen investigarse; comisiones de justicia y paz despintadas por sus calculados silencios; periódicos que lanzan lodo por abanico; estratagemas de ocultamiento de sospechas de corrupción con la apariencia de denuncias a terceros; guerrillas políticas internas para sacar de la competencia a los rivales del mismo partido; zorros del espionaje convertidos repentinamente en ovejas inocentes: estos y otros elementos se agrupan en la tragicomedia criolla puesta en escena a partir de la forzada renuncia de un precandidato a la alcaldía de la capital.

La farsa de la descascarada ética se inició con el cruce público de imputaciones entre representantes de dos partidos que habían negociado la repartición de puestos públicos como la lechera que vendía queso y mantequilla sin tener amarrada una sola vaca. Eran dos partidos que antes abjuraron de sus históricos antagonismos ideológicos.

La discusión de la repartidera se opacó cuando en las redes sociales empezó a circular la grabación de amenazas entre rivales del mismo partido. Fuego amigo dijeron los observadores ajenos a los disturbios intestinos. Era claro que el golpe estaba dirigido a sacar de la competencia a uno de los rivales ante la estrecha diferencia. Tenía la huella delatora de una trifulca interna. Solo a los interesados de las elecciones internas incumbía el asunto. Pero como el barro salpicaba a la alta dirigencia, suscriptora del pacto ético, sin escrúpulos ni vacilaciones se violó el debido proceso de los estatutos sin reconocer el derecho a la defensa del involucrado.

Sin embargo, se decidió rápidamente la ejecución del afectado, quien, por lo demás, partió al día siguiente de la decapitación con rumbo desconocido. A partir de ese momento se puso en marcha la fuga hacia adelante, la conocida estrategia de ocultar los trapos sucios y acusar a los agentes políticos de fuera de lo que ocurre adentro.

La opinión pública aguardó que la Comisión de Justicia y Paz se pronunciara por la nueva y abochornante violación del pacto. No fue justo ni contribuyó al restablecimiento de la paz que se ignoraran los hechos y mucho menos que se guardara silencio, no viendo ni escuchando ni hablando como el monito de la fábula china. Poco después estalló otro escándalo que envolvió a otro personaje de la misma tienda en una truculenta compra de votos espolvoreada por drogas.

Los misiles volvieron a apuntar al mismo reducto político. Sin embargo, no se investiga por temor a las réplicas del sismo. Un espeso silencio prevalece como otro pacto vergonzoso. Así las cosas, se abre el recuerdo de corruptelas del pasado. “Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza”, dicen los veteranos del boulevard. En medio de la disolución del pacto ético público que se incumple en privado, no asoman medidas para curar males internos. A menos de un año de las elecciones generales, han empezado a caer las máscaras, mientras el pueblo toma notas.

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Viernes 14 de agosto de 2026