default

Eustiquio, vida y solidaridad

Por: Redacción 20/10/2013

Elodia Muñoz (opinion@epasa.com) / Comunicadora social

La vida es más que la suma de seres vivos, la vida es un tesoro compartido, un brillante tiempo que ilumina al universo mismo en cuanto te ha sido dada, porque allí es cuando nace la esperanza, donde hay un soplo de vida cálido, un soplo de eternidad. El desasosiego por perder las facultades físicas y sobre todo la salud no son hechos deseables para nadie, sin embargo, no todos reaccionamos de la misma manera; valoro en su justa dimensión la actitud positiva de quienes, pese al infortunio, le echan garras a la vida.

Eustiquio y yo somos amigos y luchadores dentro del movimiento tiflológico panameño. Nuestra amistad se ha prolongado en el transcurrir de los años, y ha sobrevivido a las pugnas ideológicas en torno al quehacer de la discapacidad, a la irreconciliable posición política de los grupos en los que ambos hemos participado; pero nos han unido las preferencias lúdicas, conocernos mejor, compartir experiencias y una genuina amistad.

Eustiquio es una persona con discapacidad visual desde su infancia; es un hijo maravilloso, un profesional ejemplar y un excepcional ser humano. Pero aparte de resaltar las cualidades de este colega, hoy me siento comprometida y orgullosa de tener la oportunidad de referirme a la forma como enfrenta su enfermedad, lo que me hace respetarlo y admirarlo aún más, reafirmándome la fe en el género humano.

En el individuo prevalecen en paralelo la fortaleza y la depresión, ambos sentimientos son válidos, pues no somos de hierro y conocer que padecemos, aparte de la ceguera, una enfermedad conocida por la medicina como letal, no es fácil de digerir, aunque por fortuna logra mantenerse la calidad de vida.

Eustiquio es prueba fehaciente de la tenacidad y aplomo que le imprime a la vida, primero por su condición de no ver y luego su resistencia a las secuelas de la quimioterapia; forma parte de ese grupo de comunicadores sociales que han alzado su voz en pro de la población vulnerable, sacrificando tiempo, dinero y energía. Amigo, reconozco tu fortaleza, valentía y dignidad ante tanto revés. No tengas miedo. Sé que saldrás adelante. Estoy convencida de que te vas a curar y que esta experiencia que te ha puesto el destino te hará más resistente, dinámico y fuerte. Y sé que ese vigor, esa energía y esa vitalidad los invertirás en la continuidad de tu trabajo por las personas con discapacidad visual, como testimonio del triunfo del ser humano frente a la desventura. Adelante Eustiquio, estamos contigo.

Edición Impresa

Miércoles 12 de agosto de 2026