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Evaluación de gestión, no de popularidad


Recientemente, en un programa dominical de televisión, un importante ministro de Estado justificaba la mala calificación que obtiene en las encuestas de opinión pública, con argumentos francamente deleznables.

Decía el ministro que cuando llegó a ese puesto, sabía de antemano que no llegaba a un “concurso de popularidad”. También dijo que comprendía perfectamente que sus acciones contra la inseguridad y la delincuencia, lo hacían muy impopular entre los miembros de las pandillas y de los grupos que se dedican a delinquir. Por último, el miembro del gabinete pedía a las encuestadoras que no lo incluyan en sus próximas mediciones.

Se equivoca el señor ministro. Las encuestas sobre la gestión del gobierno no miden la popularidad de los miembros del ejecutivo, sino la efectividad en las tareas asignadas. Así de sencilla es la cosa.