Eventos futuros y El parto de los montes
Vivimos a diario el hecho de que estamos sometidos a oír promesas relativas a las carencias materiales y deportivas. En la capital, hace un par de semanas hubo un revuelo descomunal. Se trataba de un evento relacionado con el balompié entre Costa Rica y Panamá. Donde se invirtieron sumas cuantiosas de dinero, tal como sucedió después con los Carnavales. Y todo el asunto del cantante invitado y que no llegó.
Todo este suceder me llevó a pensar en la fábula de Esopo, El parto de los montes. Quizás me equivoque pero muchos nunca habrán oído hablar de este personaje que se supone vivió entre el 620 y el 560 antes de Cristo y que fue un esclavo, escritor productivo de muchas fábulas que lo hicieron un personaje legendario.
El texto de la fábula El parto de los montes es el siguiente: “Con varios ademanes horrorosos/Los montes de parir dieron señales/Consintieron los hombres temerosos/Ver nacer los abortos más fatales/Después que con bramidos espantosos/Infundieron pavor a los mortales/Estos montes, que al mundo estremecieron/Un ratoncillo fue lo que parieron/Hay autores que en voces misteriosas, estilo fanfarrón y campanudo/Nos anuncian ideas portentosas/Pero suele a menudo/Ser el gran parto de su pensamiento/Después de tanto ruido solo viento. Hasta aquí Esopo traducido.
La fanfarria, la música, los gritos que ensordecieron los aires y la turbamulta que gritaba “Vamos Panamá”, las banderas rojas y la multitud coreando “Ahí viene el gol” y otras letras indicando el entusiasmo y euforia, y casi seguridad del triunfo. Es decir, que viéndolo bien mejor salió la preparación que el mismo juego que estuvo bien pero no a favor de la hinchada panameña.
Fue un caso, a mi manera de ver, de un parto de los montes. El argumento y sentido de la fábula propiamente relata cómo los montes dan terribles signos de estar a punto de dar a luz, infundiendo pánico a quienes los escuchan.
Sin embargo, después de señales tan asombrosas, los montes paren un pequeño ratón.
La fábula y la expresión “el parto de los montes” se refieren por lo tanto a aquellos acontecimientos que se anuncian como algo mucho más grande e importante de lo que realmente son. La moraleja invita a despreciar los vanos temores pues, la mayor parte de las veces, lo más grave que hay en el peligro, es el miedo que se le tiene.
Si en realidad era miedo justificado el que teníamos frente a la representación tica, de quien teníamos noticias que tenían un palmares de triunfos ya históricos, era justificable tanta bulla como quien dice para esconder el miedo.
Sin embargo, a la larga, la representación nacional por lo visto se vio alentada por sus fanáticos e hicieron un buen papel. Pero donde veo que el parto de los montes se aplica es en el mundo político y civil.
Respecto a las promesas electorales, entran en ese capítulo del parto de los montes y ahora que viene la campaña de conseguir votos debemos estar alerta y tener presente la fábula de Esopo del parto de los montes. Por la clase de promesas que tienen que hacer y quedarán como la fábula.
Es saludable conocer el sentido de la fábula. Que tiempos remotos, dieron los montes señales de parir, y los hombres esperaban llenos de temor y asombro, qué clase de monstruo aparecería, pero al fin, solo resultó de aquellas terrible quejas el parir un roedor, lo cual, causó risa a todos. Se deben despreciar los varios temores pues, la mayor parte de las veces, lo más grave que hay en el peligro, es el miedo que se le tiene.
Estas fábulas fueron recreadas en verso por el poeta griego Babrio, aproximadamente en el siglo II antes de Cristo. El poeta romano Fedro las reescribió en latín en el siglo primero de la era cristiana.
Las fábulas que conocemos hoy día son versiones que se han reconstruido con sus rescritos posteriormente al fabulista griego.
Este ha inspirado e influido en escritores que han desarrollado este tipo de literatura, como Joan de Fontaine en el siglo XVII, y en Félix Samaniego en el siglo XVIII. Se hizo famosa la frase latina: “[B]Parturient montes, nascetur ridiculus mus[/B]”. Parirán los montes y nacerá un ridículo roedor.