Evitemos una tragedia
El cambio climático y sus efectos negativos son una realidad en el mundo que no va a cambiar. Y Panamá no se escapa de esta situación. Los panameños tendremos que convivir de manera irremediable con eventos naturales extremos, entre ellos, intensas lluvias.
Sin embargo, es poco lo que estamos haciendo como país para lidiar con este fenómeno. Los primeros aguaceros registrados este año han demostrado lo que nos espera, al menos, para los próximos ocho meses.
La situación no es nueva, hace dos años, un informe de los Indicadores de Seguimiento de la Iniciativa Latinoamericana y del Caribe para el Desarrollo Sostenible advirtió que la falta de un ordenamiento territorial adecuado en Panamá podría traer graves consecuencias para el país.
Señala que nuestro crecimiento descontrolado en materia urbanística ha fomentado la saturación de asentamientos humanos en planicies inundables y en áreas de suelos altamente inestables.
El informe deja al descubierto una situación preocupante, únicamente el 23.8% del territorio nacional contaba con un ordenamiento hasta el año 2008, cuando se registró la última medición. Eso significa que el resto del país ha crecido sobre bases peligrosamente inseguras.
El panorama se agudiza si tomamos en cuenta que Panamá como país costero tiene mayores posibilidades de sufrir inundaciones.
El cambio climático se manifiesta en Panamá básicamente con altas temperaturas y lluvias más intensas, es decir, mayor precipitación de agua en menos tiempo.
Y si a eso le adherimos la falta de normas estrictas de construcción, tendremos calles totalmente anegadas en agua, derrumbes en lugares densamente poblados, destrucción y dolor.
En las laderas de San Miguelito y en las áreas inundables de Panamá Este y Panamá Oeste, crecen diariamente los asentamientos espontáneos, sin ningún tipo de planificación.
La situación es altamente peligrosa y es muy posible que se torne peor en los próximos años. Autoridades y sociedad, tenemos el deber de evitar una tragedia.
