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Exigencias de la educación superior


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Es bien sabido con claridad que el estado y ulterior desarrollo de nuestra cultura depende de los esfuerzos que realizamos en el campo de la educación. Por medio de la automatización y la electrónica se modifican progresivamente amplias esferas de la producción industrial, que se refuerzan y extienden de manera completamente nueva. Las máquinas son cada vez más complicadas. Los procesos mecánicos fáciles de comprender, son controlados por aparatos eléctricos muy complejos, que a veces llegan a remplazarlos.

Debemos empeñarnos en que las Universidades dejen de ser las “fábricas de intelectuales”, anatematizadas por Méndez Pereira en el siglo pasado. Poco podía hacerse en ese sentido, dentro de un periodo de gobierno tan limitado en el tiempo. Pero la incitación a la tarea de poner la Universidad al servicio de la modernización del país la consideramos como una señal que marcará rumbo, cuando emprendamos mañana una nueva faena de gobierno detenida de manera transitoria.

Necesitamos la electrificación del país, porque sin ella no hay progreso industrial ni avanzada civilización; y por ello, sugerimos a la Universidad Tecnológica de Panamá promover el curso completo de Ingeniería Eléctrica. Necesitamos médicos especialistas y laboratoristas capaces de librar con éxito, internados en los más remotos medios rurales, la batalla contra las endemias aniquiladoras de la riqueza humana del país. Economistas que se especialicen en el estudio de los negocios a canales interoceánicos, sobre todo ahora con la expansión del Canal, que deberá estar terminada en año 2015; ingenieros que demoren su atención sobre los problemas hidráulicos porque necesitamos urgentemente miles de hectáreas de tierras irrigadas para enfrentar los efectos de la sequía; gente que se capacite y prepare para un tipo de actividad determinada, conexa con los grandes, acuciantes problemas del país.

Esto es lo que está pidiendo Panamá a sus Universidades, y no podrá dárselo sino en la medida en que vaya librándose de su farragosa herencia de escolástica y de memorización; en la medida en que dejen de ser Universidades librescas para convertirse en laboratorios y en seminarios, saturados de la contradictoria pero estimulante vida criolla.

La tecnología eléctrica y electrónica constantemente conquista nuevas esferas, de modo que debemos reflexionar seriamente sobre el modo en que podemos satisfacer las exigencias de la tecnología a fin de asegurar a nuestros hijos la posibilidad de un empleo adecuado. La labor física es cada vez menos necesaria. Por consiguiente, es necesario que una mayor cantidad de personas reciban una educación superior. Los fines de la educación y la enseñanza estriban en preparar, educar y capacitar a los jóvenes para que puedan participar de la cultura que los rodea. Mediante su participación en obras, problemas y proyectos técnicos-económicos, científico-artísticos y sociopolíticos, la gente comienza a madurar. La educación destinada a participar de la cultura exige a los educadores, en un medio cultural cambiante, que presten gran atención a las nuevas tendencias. Los niños que criamos en la actualidad no solo deben estar familiarizados con todo lo que nos rodea , sino preparados para participar en la cultura del futuro.

Todas las esferas de la cultura exigen de la gente que participa de ellas (sea esa participación de carácter receptivo-prescriptivo o más bien activo-creativo) el entrenamiento de dos funciones básicas y complementarias polarizadas: el pensamiento abstracto y la imaginación productiva. Despojada de la capacidad de pensar por medio de conceptos y símbolos y de visualizar imágenes y planes, la actitud humana se mantiene en un nivel subhumano. Cabe recordar la actitud social-moral. Sin máximas que tiendan a la educación de las actitudes, y sin la concepción de una solidaridad general de la consecuencia de los actos, la actitud humana constantemente corre el peligro de ser presa de impulsos motivacionales egocéntricos.

Pedagogo, escritor, diplomático.

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Martes 18 de agosto de 2026