Exigir, exigir y hablar de derechos
Me produce hilaridad cada vez que alguna persona o grupos de las mismas hablan de exigir al Gobierno que destituyan a tal o cual funcionario, exigir al Gobierno que los ayude en alguna desgracia, o exigir cualquier cosa antes de pensar que no tienen ningún derecho a hacer esas exigencias. Y les diré por qué; pues así de sencillo: los gobiernos tienen obligación para con los ciudadanos y a solucionar los problemas sociales y económicos de los mismos; pero de allí a que decidamos tener derechos que hacen que los gobernantes se sientan mal si existe una tragedia, aunque no tenga responsabilidad en la misma, estamos lejos. Lamentablemente, desde tiempos de Omar Torrijos, nos acostumbramos a recibir dádivas de parte del gobierno en forma de subsidios que vinieron obligando al Gobierno a solucionar situaciones que anteriormente eran arregladas por los afectados. Cuando llovía mucho y se inundaban las casas, hablo en tiempos anteriores, existía la solidaridad de vecinos, amigos y parientes que cooperaban en los arreglos de las mismas, con dinero de los dueños. Hoy hemos perdido ese valor solidario porque aquellos que antes ayudaban, hoy se hacen los ciegos, esperando que el Gobierno les proporcione lo necesario.
Siempre he sido de la opinión de que todos los panameños y extranjeros que residan en Panamá y reciban cualquier ingreso deban pagar impuestos, por muy pequeños que sean. Nuestros gobiernos se surten de los impuestos que pagamos y, entre más lo hacemos, mayor será la posibilidad de ayuda en las necesidades del país. Todo panameño que reciba un salario, por muy bajo que sea, debe pagar impuestos para tener derecho a protestar y a exigir. No debe existir fueros ni privilegios en el pago de los mismos hasta permitir que ciertos salarios, relativamente altos, estén exentos de esos pagos. De ninguna manera. Si queremos tener derechos, no olvidemos que también tenemos deberes. Si creemos que el Gobierno debe arreglarnos las calles cuando tengan huecos, paguemos para que se nos haga ese trabajo. ¿Hasta cuándo vamos a vivir de lo que nos regalan los gobiernos desorbitadamente? Basta ya de regalos. Ese dinero que pagamos en impuestos, que ayude a crear trabajo para que cada ciudadano tenga una entrada fija y no ande por allí pidiendo limosnas por las calles ni mendigando un pedazo de pan.
Hagamos de la educación un campo tan amplio que cada uno aprenda sus responsabilidades, sus deberes y sus derechos. Eduquemos al panameño para que se capacite en trabajos diferentes que le permita llevar el sustento honestamente a sus hogares y, a su vez, puedan educar a sus hijos para que más tarde no sean parásitos de los gobiernos y la sociedad. Que la politiquería no entre en este campo, porque --de lo contrario-- llenaremos los puestos de gobierno con un número plural de empleados que no se necesitan y que absorben parte del presupuesto.
Ya es suficiente de hablar de nuestros derechos: del niño, de los adultos, de los mayores. No señores y señoras. Si quieren tener derechos, cumplan primero con sus deberes de estudiar, de alimentarse, de mantener una familia en valores, de respetar a los mayores, a los padres y de aprender a ahorrar, a no malgastar el dinero con que contamos. Las dádivas no se agradecen porque nos han enseñado a que tenemos derecho a recibirlas y eso no es correcto. Agradecemos lo que nos cuesta conseguir con trabajo, con algo de dificultad y estando conscientes de que lo merecemos. Cuando alcancemos esto, tendremos facilidad para vivir una vida digna, con la tranquilidad de que lo que tenemos no ha sido regalado, sino ganado en buena lid. Entonces podremos decir lo bonito y valioso de lo que poseemos porque pusimos el esfuerzo para lograrlo. "El trabajo dignifica", aprendí de niña y nadie ha muerto por trabajar, al contrario. Saber que trabajando honradamente obtenemos lo que queremos, lo hacemos con mayor placer y solo así llegaremos a estar en paz con nuestra conciencia.
Aprendamos pues nuestros deberes, nuestros valores, nuestras bases para retener lo necesario y saber que lo hemos obtenido con nuestro esfuerzo. Cuando veamos claramente el verdadero significado de lo que digo, estaremos conscientes del deber cumplido y solo entonces podremos hablar de exigencias y de derechos porque estos se ganan, no se consiguen gratuitamente.