¿Existe un equilibrio ecológico en Panamá?
En estos momentos, la irregularidad en la presencia de lluvias representa una situación crítica para nuestros productores, ganaderos y campesinos. Nos preocupa la generación de energía para otorgar vitalidad a todas las acciones y procesos que hacen la vida diaria en el país. Sin embargo, debemos observar con detenimiento el agravio que les estamos causando a los recursos naturales.
Día a día vemos amplias zonas de nuestro país devastadas para crear grandes complejos residenciales y numerosas zonas hoteleras. En el afán de invertir y de crear un ambiente recreativo para incrementar los ingresos a base del turismo y la urbanización, no establecemos un balance entre lo natural y lo artificial creado por el hombre, de modo que exista un equilibrio que permita la coexistencia del hombre y sus productos, y de la madre naturaleza.
La deforestación indiscriminada en las laderas de los ríos, en bosques y selvas de nuestro suelo, incide peligrosamente con la sequía por un lado y con las inundaciones por el otro. Carecemos de un sistema de planificación primeramente del ser humano, el que procrea sin ninguna limitación y que potencialmente genera masas humanas que necesitan áreas para vivir y que les son ofertadas en complejos urbanísticos.
Este resultado también carece de una planificación tal que considere guardar un equilibrio que permita la sobrevivencia de la naturaleza que es fácilmente extinta al momento de crear estos complejos habitacionales.
La gran concentración demográfica, sobre todo en las ciudades del país, exige una utilización de los recursos muy superior a lo que las mismas pueden producir. Los recursos utilizados provienen de áreas en donde todavía existe vegetación, la cual es deforestada y a la vez contaminada por el hombre.
Al eliminar los bosques y selvas, los suelos húmedos se secan porque pierden su cubierta protectora que a su vez produce cambios climáticos que son extremadamente negativos para las plantas. También existe un gran consumo del recurso hídrico que con la expansión demográfica, va en creciente aumento.
Es necesaria la construcción de embalses o la extracción de agua subterránea. Esto produce también una deficiencia en la calidad del aire y del agua sumada la contaminación, la que tiene un efecto negativo que impide el crecimiento de las raíces de las plantas y que incide en la disminución de la foresta y afecta la salud de los seres humanos.
La demanda de energía por la gran masificación humana también tiene un efecto negativo sobre la salud por el grado de contaminación que introduce. Los embalses o hidroeléctricas contaminan y acentúan el cambio climático.
National Geografic alerta a la comunidad mundial cuando señala: “Los bosques cubren todavía el 30 por ciento de las regiones del mundo, pero franjas del tamaño de Panamá se pierden indefectiblemente cada año.
Con la eliminación de bosques y selvas, aumenta el efecto invernadero y el calentamiento global, porque los árboles son mayormente responsables de la absorción de los gases producto de este fenómeno.
En Panamá, la carencia de una planificación urbana, de una reforestación planificada, y de un aumento progresivo en la demanda energética, está produciendo cambios sustanciales en nuestro clima. Todos los elementos contaminantes que hemos mencionado anteriormente se conjugan en nuestro pequeño país, en el que poco a poco se generarán desastres ecológicos de impacto de incidencia en la vida de todos.
Muchos de los recursos hídricos en nuestros países yacen contaminados por efectos devastadores de la población. La degradación de los suelos por una agricultura realizada con métodos degradantes impactan negativamente la fertilidad y el grado de productividad.
Panamá es rico en recursos hídricos que también ha experimentado contaminación de sus ríos, degradación de sus suelos y además de la deforestación que está incidiendo negativamente sobre las zonas verdes de nuestro hermoso país.