¿Existe una justicia injusta?
¡No! Existen autoridades que deben impartir justicia y son injustas. El caso más nefasto en la historia ha sido el juicio a Jesús, más pérfido aún por su viacrucis. Hemos aprendido que Jesús enfrentó el poder mediante su crítica al sistema imperante, tanto que las autoridades no la resistieron y optaron por hacerle cargos de corrupción contra la religión aplicando una justicia que decretó su muerte. ¿Quién no conoce esa injusticia? Si quien lee este artículo hace un ejercicio, recordará que la historia ha sido constante en la injusticia.
Siempre se ha sabido que el Ejecutivo ha indicado el camino a la justicia y a lo legislativo, con el agravante hipócrita del "yo no interfiero". Hoy más que nunca, en nuestro país, la justicia se percibe rara.
No tengo formación jurídica para emitir un parecer legal bien sustentado; mi formación humanista sí me permite expresar una opinión airada por situaciones que van más allá de ser legales para convertirse en inhumanas, que traspasan los límites de los derechos humanos y vulneran la dignidad y la integridad de quienes son víctimas de decisiones por criterios tergiversados de quienes debieran ser custodios de esos derechos. Muchos casos están sucediendo en el Panamá de hoy.
Es un dicho popular que "nadie está por encima de la ley". Los humanistas dicen que la ley no está por encima de la persona, puesto que es ella quien las hace, las reformas, las viola o las deroga. Es despiadado valerse de ese dicho para aplicar una ley que castiga por un delito antes de haberlo probado. También es un decir "quien no la debe no la teme"; por lo que se está viendo, hay que temer porque se están haciendo cargos sorpresivos, como para hacerle pasar un pésimo rato a quien se acusa. Otra falacia es el legalismo del dura lex, sed lex, "dura es la ley, pero es la ley", porque lo duro no es la ley, sino el criterio utilizado. Sobra decir que quienes administran justicia son personas con vicios, virtudes, pasiones, formación de hogar, problemas familiares, de salud, educativas, económicos, miedos, odios, envidias, celos, ignorancia, con pensamientos que no siempre son los mismos ni siempre justos.
... SE ESTÁN SUSCITANDO HECHOS QUE SE INTUYEN COMO ODIO FEROZ QUE SE PROFESAN PERSONAJES QUE ANTAÑO FUERON AMIGOS, QUE SE SOSPECHA QUE INFLUYE EN LA JUSTICIA COMO VENGANZA, Y SE TRANSMITE A LA SOCIEDAD..
El filósofo Protágoras expresó: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto son; de las que no son, en cuanto no son", lo que ha sido motivo para interpretaciones. La más arrogante: "Yo soy la medida", es la peligrosa. Tomar una decisión en un momento de quiebre emocional es malvado. Parece que eso está pasando. La sabiduría antigua sentencia: "Con la vara con que midas también serás medido y una cuarta más".
Autoridades presuntuosas dicen: "a mí me juzgará la historia" o "a mí me juzgará el pueblo", pura parla para ocultar petulancia. El tribunal popular ha juzgado a algunos como "corruptos", a otros los ha juzgado la Asamblea Nacional, ¿quién queda? ¿Ante quién acudir? Pregunto, ¿no tienen las autoridades juzgadoras un superior a quién rendir cuentas de sus actos?
La justicia que se está impartiendo hoy no es bien recibida. Cuando la sociedad percibe que no la hay o que es corrupta, se hace odiosa y de difícil aceptación porque se ve a los juzgadores como prepotentes y pierde efectividad lo que pudiera tenerse como justo. Pierde credibilidad toda sentencia, se cuestiona y se desconfía de ella.
En estos momentos se están suscitando hechos que se intuyen como odio feroz que se profesan personajes que antaño fueron amigos, que es el peor de todos los odios, que pareciera que solo queda entre ellos, que se sospecha que influye en la justicia como venganza, que afecta a sus partidarios y se transmite a la sociedad, que toma bando por uno u otro y posteriormente la daña porque todos creen tener la razón y lo que se logra es destruir la confianza, sembrando rencores que se renuevan con estas infelices actuaciones.
Se creerá que este proceder es cosa pasajera, sin embargo, deja en el alma de mucha gente resentimientos difíciles de erradicar. Quien recibe un daño busca la forma de desquitarse. Aparece la vendetta entre familias, grupos, partidos o vecinos. Las manifestaciones de odio y disgusto entre las personas se notan de manera intensa en las redes sociales.
Algunas autoridades tienen el artificioso principio de que vale más un posible inocente preso que un pícaro libre. Los juristas serios tienen como principio la presunción de inocencia y el debido proceso. Los humanistas pensamos que vale más un pícaro libre que un inocente preso.