¿Exitoso negocio o sintonía social?
Hace un tiempo creía en que detrás de cada hecho delictivo estaba una persona con problemas sociales, influenciado por eventos con fuerte arraigo a su entorno (hogar disuelto, vecindario, influencia colectiva, bullying). Sin embargo, tal creencia ya ha desaparecido de mi razonamiento.
Nuestro mundo globalizado permite que la información nos alcance en segundos. Esa condición, que puede ser de gran valor para la ciencia y el conocimiento, también es aprovechada por quienes buscan hacer el mal.
Si bien es cierto que las instituciones de seguridad encargadas de velar por el orden constitucional no se quedan atrás, y están organizadas para enfrentar al crimen organizado, y se amoldan a los nuevos retos con prontitud, el delito en general sigue siendo un factor de desasosiego social, que produce más inquietud cuando sabemos que hay informes que tasan los ingresos anuales producto de la delincuencia en más de 320,000 millones de dólares. Y eso con referencia a una gama de hechos antisociales que van desde el tráfico de personas y el narcotráfico, pasando por el lavado de dinero y la prostitución organizada, hasta secuestros y robos.
La delincuencia transnacional quizás es la más global de estas amenazas, porque vulnera la seguridad personal y, al mismo tiempo, se extiende a través de los Estados, usando no pocas veces tecnología de punta, para hacer perdurar conflictos internos y dar pie a otros, mientras promueve la proliferación y el mal uso de armas entre delincuentes locales.
Recientemente, tuve la oportunidad de asistir a la VIII Cumbre Latinoamericana del Caribe de Inteligencia Policial (Clacip), celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, donde se dieron cita unas 26 naciones representadas por directores de inteligencia policial. En ese encuentro se discutieron las operaciones, acuerdos e intercambio de información que se hacen imperativos en el contexto de la lucha contra el delito.
Y en verdad, sin cooperación internacional no se puede esperar la posibilidad de asestar certeros golpes al crimen organizado en sus múltiples facetas, y se aceptará que siga dejando a su paso muerte, destrucción, pobreza, desasosiego y, peor aún, estructuras estatales que languidecen ante el formidable poder que aspiran a alcanzar los criminales.
A la República de Panamá, situada en un punto privilegiado para el comercio en todas sus manifestaciones, le tocará presidir la siguiente Cumbre de Inteligencia, distinción que recaerá en dos organismos de seguridad nacionales, el Senafront y la Policía Nacional, en los años 2014 y 2015, respectivamente. A juicio del director de inteligencia de la entidad de seguridad fronteriza panameña, comisionado José Samaniego, “esto será el complemento del esfuerzo que realiza el Gobierno panameño para enfrentar el crimen organizado, el narcotráfico y el tráfico de personas, principales amenazas del siglo XXI”.
En esa VIII Cumbre se le otorgó por segunda vez la medalla de la Dirección de Inteligencia Policial “Teniente Coronel Javier Antonio Uribe Uribe” al comisionado Frank Ábrego, director de Senafront, para quien “el reconocimiento es producto del esfuerzo de todas las instituciones de seguridad y de un país que desea seguir viviendo en paz y en sana convivencia”, como señaló en esa oportunidad.
En tal encuentro, la Clacip acordó que la reconfiguración del delito y el crimen transnacional requieren de un enfoque y un modelo de trabajo policial y de inteligencia basado en conocimiento colectivo, que permita incidir, efectivamente, en los principales fenómenos que afectan la seguridad regional.
Es obvio que aquel enfoque tradicional de contrarrestar el delito a través de los factores sociales que suelen generarlo, necesita hoy esos complementos multisectoriales y multilaterales, con herramientas tecnológicas y científicas que analicen los esquemas en que se basan estas transacciones delictivas, que a fin de cuentas es lo que configura la verdadera cara del delito transnacional: un negocio global que busca quebrantar los códigos legales de muchas naciones para alcanzar sus cada vez más ambiciosas metas de poder y dinero.