Éxodo en África y el Medio Oriente
El cuadro migratorio más alarmante y cruel que ha vivido la humanidad, superior a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, para encontrar alguna comparación histórica, está ocurriendo en el norte de África y el Medio Oriente.
Desde las costas de Siria, Libia, y las fronteras de Irak o Afganistán, incluso en otras latitudes y nacionalidades interrelacionadas, se origina el éxodo de territorios involucrados en conflictos armados ejecutados por la Otan.
Miles de hombres, mujeres y niños integran las extensas caravanas que se mueven a pie, embarcaciones y cualquier otro medio cruzando fronteras, el mar Mediterráneo, en medio del intenso frío, el hambre, la falta de atención social, sanitaria y médica. Sometidos en su inmensa mayoría a traficantes o mercaderes inescrupulosos. Las víctimas, por miles, encuentran la muerte en la travesía huyendo de bombardeos, la guerra o del caos predominante.
La geografía del sur de Europa y el norte de África y el Medio Oriente constituyen el criminal escenario. Algunas fronteras, como la húngara, están cerradas; otras, como las de Alemania, ofrecen refugios y hospitalidad, pero resulta imposible captar el mar de víctimas. La Unión Europea establece cuotas de solidaridad o apoyo, totalmente insuficientes, y en algunos países como España, para mencionar un ejemplo, se producen numerosas, aunque insuficientes, ayudas espontáneas.
Frente a la creciente realidad, todas las cooperaciones humanitarias son insuficientes. Las cifras son alarmantes, se contabilizan en Siria 85,000 víctimas en un año. En los Balcanes, Líbano o Egipto, donde se elevan a dos millones los refugiados, son apenas cifras superadas en aquel entorno que buscan oportunidades de vida.
En esta problemática, Alemania, Reino Unido y Francia han ofrecido recibir un total 64 mil refugiados.
En estos momentos, las Naciones Unidas y la Unión Europea no encuentran soluciones firmes y coherentes en el viejo mundo.
Por encima de las connotaciones políticas y militares están estos pueblos, con sus raíces propias, culturales, religiosas, económicas, ideológicas, etc., sometidos a intereses ajenos en búsquedas de dominio y explotación, que para colmo, se miran en la imperiosa necesidad de buscar afanosamente refugio en otras latitudes donde puedan encontrar paz, mínimo bienestar, respeto y convivencia básica en pleno siglo XXI.