Experiencia cincuentenaria en función docente
Quien escribe estas líneas ha trabajado más de cincuenta años ininterrumpidos en la docencia. La ha ejercido en planteles de educación primaria o básica, secundaria o media, superior o universitaria. Al contemplar este largo camino alegre y conscientemente recorrido, damos gracias a Dios por habernos otorgado el don inestimable de una profesión que, junto con nuestro hogar, nos ha permitido sentirnos plenamente realizados.
Por cierto, la causa verdadera de esta profunda reflexión de satisfacción no está en virtudes ni méritos personales. La razón está en que la profesión de maestro ha desbordado las salas de clase, para proyectarse mucho más allá de ellas, hacia la vida y el hogar de tantos exalumnos que, con delicadeza que no podemos dejar de agradecer, nos han brindado su amistad o su cariño, si no siempre en las aulas escolares, después de ellas en mil detalles de nuestra existencia.
El mismo sincero reconocimiento debemos expresar hacia tantos colegas que nos han mostrado rutas e ideales ejemplares o que han colaborado generosamente en trabajos emprendidos en común. Pero hay otro motivo que mucho explica también la proyección profesional generadora de muchas satisfacciones. Es la actividad periodística que, iniciada hace aproximadamente cincuenta y cinco años en la prensa nacional (La Estrella de Panamá, El Panamá América, La Hora, El Día, La Prensa, La República, Panorama Católico, El Siglo), diarios en cuyas páginas de opinión hemos comentado incontables temas educativos.
Nuestro único objetivo y anhelo ha sido valernos de los medios de comunicación masiva para ejercer la docencia y llegar a las masas y a todos los sectores nacionales, para proponer ideas, sugerir iniciativas o criticar constructivamente realidades educativas, sociales y políticas, a nuestro juicio erradas, cuando no negativas.
Hoy queremos reiterarle, con José Daniel Crespo (uno de nuestros pedagogos más destacados del siglo pasado), que "La Nueva Educación" es el movimiento reivindicador de los derechos del niño. Puede decirse que el principio básico y fundamental de la Nueva Educación es la concepción del niño como elemento más importante, como el factor primordial, como centro, por decirlo así, del proceso educativo en derredor del cual giran todos los demás, pero subordinados siempre a él.
Las tendencias más avanzadas de la educación son tres: la psicológica, que gira en torno a la idea de que la educación debe apoyarse en el estudio del desarrollo mental y los intereses del educando; la científica, que afirma que el conocimiento de los fenómenos naturales debe ser el contenido principal de la educación, como estudio objetivo del medio en que vivimos y fuerza impulsora del progreso de la humanidad; la social, que considera a la educación como el proceso de perpetuar y desarrollar la sociedad preparando al individuo para realizar sus fines sociales.
Estamos conscientes de que el fin primordial de la educación, de la que da la familia, de la que da la escuela, de la que dan las diversas instituciones de la sociedad, de la que cada cual da a sí mismo, es formar al hombre, a la persona humana, única e irreemplazable, depositaria de todos los valores, con ilimitadas posibilidades de conciencia; es formar al miembro de una familia, al vecino, al amigo, al ciudadano, al que produce y consume, al que vive y se gana la vida en un país determinado, en una época determinada.
Por eso mismo hemos insistido durante las últimas cuatro décadas sobre la importancia de una planificación integral de la educación, en cuanto tiende al desarrollo de las actividades educativas dentro de un esquema en el cual todas ellas se relacionen y coordinen de modo que este esquema se coordine, a la vez, con todas las otras actividades sociales que significativamente se relacionan con la educación, y con los planes que para el desarrollo de las mismas se estudien y se apliquen.
Así concebida la planificación integral de la educación abarca todos los niveles del sistema escolar, desde el kindergarten hasta la Universidad; la educación oficial y la educación particular, y coordina el esfuerzo educativo propiamente dicho con los esfuerzos de mejoramiento y progreso en otros sectores de la vida social.