Extradición peligrosa
A pesar de que Manuel Antonio Noriega cometió crímenes horribles con torturas y todo lo demás, me preocupa la insistencia de nuestro gobierno por lograr su extradición a Panamá buscando un Juan sin sombrero que pudiera traer situaciones peligrosas para el país. Es innegable las muertes de varios oficiales de la Guardia Nacional, de Hugo Spadafora y cómo apretó la dictadura hasta callar todas las voces de oposición. Anular las elecciones porque el resultado era diferente al esperado por él, fue también un error garrafal. Pero no continuaré enumerando esas faltas, si no lo que pienso de traerlo de vuelta a Panamá.
Donde está se encuentra muy bien; de allí no se escapará ni dará problemas políticos que puedan terminar en consecuencias nefastas. Fueron 21 años de dictadura en la que participó ampliamente y con maldad; en donde no hubo libertad política, solo el PRD que es producto de él y de Torrijos. ¿Hasta dónde aquellos que pelecharon de su poder aún lo recuerdan y tratarán de revivirlo? No pienso que pueda volver a gobernar, aunque nuestro pueblo es indiferente y olvidadizo; pero ignoramos hasta dónde puede trastocar la paz del país y hasta dónde nuestros gobernantes estén preparados para combatirlo.
Por su edad no irá a la cárcel y estará en su residencia dando órdenes que sus secuaces tendrán que cumplir. Con los antecedentes de este señor, lo dejaría en Francia. Recordemos también su participación en la distribución de drogas que era millonaria y que todavía se muestra viva y aumentada. ¿Sabemos cuál es su participación en el momento o si no la tiene? ¿Volveremos a tener libertad de expresión o libertad de circulación? Dicen algunos: pobrecito, ya pagó su culpa; ¿y la situación que vivimos los perseguidos y los desaparecidos? No es que aún viva de aquellos recuerdos porque eso me traería amargura y ahora los relato con alguna sonrisa porque no soy rencorosa: pero ojo al Cristo que es de palo. Ignoro el apuro en traerlo de vuelta. No se busquen problemas que luego no sabrán solucionar; sabemos cómo empezará, pero no como terminará y, por las dudas, dijo el cura, y se compró una cama doble.
He querido plasmar mi manera de pensar sobre el particular porque nos estamos jugando el futuro del país. Es probable que no suceda nada y el señor Noriega no abra ni su boca; pero no estaría muy segura de ello. Por momentos pienso qué hay detrás de esa decisión en la cual no tomo parte; pero yo lo dejaría donde está para el bienestar de tres millones de panameños. Señor Presidente, piense lo que va a hacer.
