Ezequiel
Durante estas semanas litúrgicas según el calendario, estamos en la 19 y 20 semanas y lo característico es la lectura primera del Antiguo Testamento que son secciones casi continuas del escrito del Profeta mayor Ezequiel.
Sin duda, se cumple aquello de que aunque ya lo hemos leído con anterioridad sin embargo, últimamente sentimos que nos habla con más cercanía.
Estamos ya casi en los últimos capítulos aunque el texto completo tiene 48 capítulos. En el capítulo 28, versos 1-10, leímos el martes pasado lo siguiente: "En aquellos días, el Señor me habló y me dijo: Hijo de hombre dile al príncipe de Tiro: EI Señor Dios dice esto: tu corazón se ha ensoberbecido y has dicho soy Dios, estoy sentado en el trono de Dios, en medio de los mares, pero eres hombre y no Dios. Y te crees tan sabio como Dios, pretendes ser más inteligente que Daniel y conoces todos los secretos, con tu sabiduría y habilidad te has hecho rico, has amontonado oro y plata en tus tesoros, con astucia de comerciante has aumentado tus riquezas y te has ensoberbecido por tu fortuna".
Es un mensaje de Dios al gobernante de Tiro, dentro de la sección de los mensajes contra las naciones. En efecto, el profeta consciente de la ruina de Jerusalén y que las naciones paganas vecinas serían instrumento del juicio divino, después que se produjo la invasión y que los enemigos de Israel se encarnizaron ferozmente contra Jerusalén y Judá, Ezequiel denuncia sus crímenes cometidos y les anuncia el castigo que les espera.
La historia de la destrucción de Jerusalén en el sagrado texto, nos habla de la indiferencia del pueblo frente a los llamamientos del Señor, que los invitaba a buscar el buen camino y apartarse del mal, pero no sucedió así, desoyeron a los profetas, incluso los mataron, y se dejaron arrastrar por todos sus vicios llevando el país a la ruina. Cuando normalmente leemos estos pasajes, no puede uno menos que pensar en su propio país que ha sido bendecido por el Señor en muchos aspectos, con su gente y con sus recursos materiales, y humanos, pero se impone la tosudez y el orgullo y por ese camino vamos directamente a la autodestrucción.
Sin querer aplicar directamente estas palabras a nadie no deja uno de ver como se aplican históricamente a muchos líderes de países como el príncipe de Tiro, que para creerse como dioses y llenarse de soberbia pronto tendrán su fin.
