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Fallas legítimas

Por: Redacción 20/01/2016

Tenemos que modificar ávidamente los desatinos en los que comúnmente concurre nuestra sufrida gente, de acuerdo con los acontecimientos que suceden, dejando atónito a nuestro descompensado ánimo, anunciando un tanto de peligro en las consecuencias que puede originar en el futuro.

El pobre consolida sus propósitos en las fantasías arcaicas nacidas al calor del discurrir desordenado, cuyas pretensiones subyacen en el fondo de las imposibilidades, operando el rol de las desorientadas ansiedades. No conoce la relación armónica con el prójimo, pues la envidia se entona siempre prevaleciendo en los deseos de la comunicación objetiva y es así como jamás podremos hacer florecer el amor de los desheredados de la vida.

Aquí nacemos con los menguados lazos de la unión enfermos, ofreciendo con generalidad un panorama egoísta y desolador, siendo en efecto el misterio que intentamos resolver huraño a toda respuesta positiva, y esto es simple y llanamente conmovedor. Desconsuela buscar un resultado y no encontrarlo, característica que indica irse de bruces por la falta de una buena comunicación, donde todo lo que no es verdadero nace enfermo de caducidad.

En las áreas suburbanas de la capital, la pobreza es horripilante, podemos observarla cuando se llevan a cabo los trabajos periodísticos; todo ofreciendo el espectáculo en extremo estremecedor. Abandonan la campiña donde vivían en concordancia íntima con la naturaleza, haciendo producir la acogedora parcela, para migrar hacia la capital con una mano adelante y la otra atrás, sin ilusiones de desempeñar un buen trabajo, instalándose en la periferia con su desamparado bohío en el seno atado a la decrecida esperanza. Acá se van a enfrentar a los altos precios de los productos de la canasta básica, conformándose solo con verlos y no comprarlos. Si en mi caso no hubiese traído bajo el brazo el documento que acreditara mi eficiencia satisfactoria, la separación con el querido Santiago nunca se hubiera acreditado. Y para fastidiar estos sujetos cuán difíciles son de guardar una famosa conducta de unión con el prójimo, tal vez uno en un millón es la concordante salvedad fuera de toda regla.

Comulgo haciéndoles abrir rumbos a dichos pueblos sin brújulas, conducidos por las tenebrosas brisas de un bajo relieve ausente de cultura directiva. Debemos someter al análisis aconsejando que no es lógico acercarnos a la capital si no entendemos sus sobresaltos formales, aceptando lo contrario asomaría el engaño, cargando las vanas sorpresas pululantes de mendicidades henchidas de falaces expectativas. El campesino debe quedarse en su terruño natal, unirse a cualquier inquietud puede resultar fatal.

Escritor

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Viernes 24 de julio de 2026