Falta de respeto
Las denuncias sobre la supuesta existencia de un grupo de abogados, funcionarios del Ejecutivo y magistrados de la Corte Suprema de Justicia que conspiró para lograr la destitución de Ana Matilde Gómez como procuradora general de la Nación son muy graves. Hay elementos concordantes de tiempo, modo y lugar que lo menos que producen son dudas sobre la versión oficial que niega estos hechos.
Los detalles revelados sobre el supuesto complot organizado por el grupo “Perseguidos por Ana Matilde Gómez” (PAMAGO) parecen la trama de una conspiración fraguada en la oscuridad. Se habla de mentes maestras, ideólogos, estrategas y hojas de ruta, que hacen erizar la piel del más incrédulo de los mortales.
Y la respuesta de nuestras autoridades dista mucho de lo que los panameños esperamos. El presidente Ricardo Martinelli calificó el tema como “un show mediático”, una “telenovela amorosa”; el procurador José Ayú Prado dice que aún analiza si en el supuesto complot se violó alguna norma legal; el constitucionalista Ítalo Antinori lo tildó como “una comedia bufa”; y el magistrado de la Corte Suprema, José Abel Almengor, anunció que pedirá a la oficialista Asamblea Nacional que comience una investigación. Esta supuesta trama no dista mucho de las preocupaciones que mostró en su momento la entonces embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson, sobre la presunta injerencia del Ejecutivo en los demás órganos del Estado, especialmente el Judicial. Las aseveraciones que se hacen sobre este tema son demasiado delicadas como para que las autoridades pretendan que la opinión pública quede satisfecha con explicaciones informales, carentes de contenido y hasta irrespetuosas. La imagen de la justicia en Panamá ha sido constantemente vapuleada a lo interno y externo del país.
El Órgano Judicial no soporta un escándalo más y el país no admite que sus gobernantes le falten el respeto tratando de restarle seriedad al problema y atribuyéndoles a los medios de comunicación una responsabilidad que no tienen.
