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Fecha sin olvido

Por: Redacción 01/12/2014

En medio del tumultuoso estrépito del Black Friday y el puente del fin de semana, omitimos las celebraciones del 28 de noviembre de 1821. No podemos abandonar en el olvido una fecha de indudable significación histórica en el derrotero patriótico istmeño. En ese día, hace 193 años, el Istmo se independizó de España, con lo que inició el proceso de la emancipación que se complementó y ratificó con la separación de Colombia.

La fuente fundamental de la nacionalidad reside en los actos en que la población istmeña salió a las calles de La Villa de Los Santos y Panamá para proclamar el fin de la larga y ominosa dependencia colonial de España, iniciada a principios del siglo XVI por la presencia de Vasco Núñez de Balboa, y Pedrarias Dávila y, como se dijo, “la más lucida gente que vino al Nuevo Mundo”.

En esa fecha que no podemos olvidar los istmeños, iniciamos el aprendizaje de adoptar nuestras propias decisiones.

Después del apogeo del descubrimiento de la mar del sur, después de la transformación de la principal ciudad puerto del Pacífico austral de la que partieron las expediciones al imperio de los incas y a la conquista de Nicaragua y Costa Rica, el Istmo soportó grandes presiones. Piratas ingleses y holandeses destruyeron entre llamas las ciudades principales. Trazamos la primera ruta del Pacífico al Atlántico enlazando el Camino de Cruces, el río Chagres rumbo a Nombre de Dios y a Portobelo, donde estaban acoderados los galeones españoles para llevarse las riquezas de los incas.

Fuimos cuesta abajo económicamente al promediar el siglo XIX, pero no bajó la guardia el orgullo nacional. Al emprenderse las primeras luchas contra el imperio hispano, se desplazó el conflicto a escenarios territoriales de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. No fuimos ajenos a los combates por la emancipación americana. El Batallón del Istmo, donde destelló el coronel Tomás Herrera, participó en batallas memorables, mientras los istmeños esperaban el momento de la lucha por la libertad.

Los patriotas leían artículos de encendido nacionalismo en la Miscelánea del Istmo, que atizaban el fervor istmeño por la libertad. Los pobladores de La Villa de Los Santos concertaron una mística revolucionaria que fue desplazándose por las otras provincias.

Fue así que el 28 de noviembre de 1821 amaneció prendido de impaciencia subversiva contra el dominio colonial. Murió el virrey Juan Sámano, lo que dejó una estela de represiones crueles. El sucesor, Juan de la Cruz Mourgeon, partió a Quito para sofocar conspiraciones. Quedó en el Istmo una esmirriada guarnición española. La tropa estaba impaga y casi abandonada por los viajes de los jefes principales. Conociendo las apremiantes necesidades, los istmeños planearon inducir la deserción de los soldados. Mariano Arosemena y sus hermanos Gaspar y Blas reunieron una bolsa de dinero para probar la buena fe de la ayuda de los istmeños a los soldados. Sin embargo, se emplazó artillería en las bocacalles para aplastar cualquier movimiento armado.

La deserción de más soldados españoles aceleró la decisión de los vecinos de reunirse en cabildo. El cabildo aprobó esta moción: “Panamá, espontáneamente y conforme al voto general de los pueblos de su comprensión, se declara libre e independiente del Gobierno español”. Lo demás es historia conocida.

 

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Jueves 6 de agosto de 2026