Federico Boyd, la escuela de los capireños
No sé si los panameños estamos conscientes de la magnitud, el alcance y la penetración que tiene la escuela para cambiar, para bien, la vida de los niños y, a través de ellos, de familias completas, constituyéndose en un trabajo colosal, por lo que me siento honrada de pertenecer al grupo de exalumnos de un reconocido plantel, la escuela Federico Boyd, que tiene 70 años de existencia.
CAPIRA TIENE 158 AÑOS DE EXISTENCIA Y SU ESCUELA, FEDERICO BOYD, 70, ORGULLO DE SUS LUGAREÑOS.
Es oportuno en este Mes de la Patria resaltar los valores de este centro ubicado en el distrito de Capira, del que soy oriunda y del que, a pesar de la distancia y el transcurrir de los años, no olvido ese límpido cielo que guarda mi inocencia y los sueños de adolescente.
Nací y crecí en Capira, y aprendí a escribir y leer mis primeros libros en las aulas de la escuela Federico Boyd, textos estos que paradójicamente serían en escasos años reemplazados por el sistema braille. Aquella fue una época de juegos, sonrisas y felicidad, en la que aprendí a explorar e interpretar el mundo, en la que me llevé placenteras sorpresas y alguna que otra desilusión.
Se podría decir que para ese lapso Capira era una comunidad rural, y por hechos fortuitos que han marcado mi vida, como lo fue la ceguera, debí emigrar a la ciudad y rehabilitarme como persona con discapacidad visual, formándome como profesional, y nunca pasó por mi mente, pese a mis circunstancias, renunciar a mi educación, creo que el acicate fue mi madre, los compañeros de aula y los cinco ciegos que marchamos juntos por el camino del mundo académico, hoy todos hombres y mujeres profesionales y pilares de sus hogares, ejemplos de esfuerzo y superación.
Me pusieron esas metas, de educarme y demostrar al mundo que en la adversidad también se triunfa.
Para la década de los años 60, Capira era un caserío, la iglesia San Isidro y su única escuela nombrada, Federico Boyd, en honor a uno de los próceres de la Independencia de Panamá de Colombia; debía caminar a mediana distancia en compañía de mi hermano y otros niños y niñas que vivían a las afueras de Capira.
Este plantel se definía por su campana, que identificaba la entrada, los recreos y la salida de clases, amplios pasillos, con grandes ventanales, el patio donde jugaba y corría a más no poder, derrochando energía. Sus escritorios eran compartidos por una niña y un niño, lo que me sorprende, pues no existía entre ellos el individualismo, la discriminación de género, malicia o asomo de egoísmo.
En tanto, su cuerpo docente era un pozo de sabiduría; la riqueza intelectual estaba en el aprendizaje, la experiencia y los conocimientos, y no en el cúmulo de libros que hoy día dice el constructivismo que hace al hombre nuevo.
ESTE PLANTEL SE DEFINÍA POR SU CAMPANA, QUE IDENTIFICABA LA ENTRADA, LOS RECREOS Y LA SALIDA DE CLASES, AMPLIOS PASILLOS, CON GRANDES VENTANALES, EL PATIO DONDE JUGABA Y CORRÍA A MÁS NO PODER, DERROCHANDO ENERGÍA.
Antes, al iniciar la jornada se rezaba devocionalmente el Padre Nuestro, sin embargo, entre mis recuerdos y añoranzas se asoma a mi memoria con especial cariño una de las maestras excepcionales, respetada y admirada por su vocación e inventiva infinita, la capireña doña Aura de Amaya, escritora, autora de poemas, organizadora de los grupos de actuación escolares, verbenas y toda acción actoral que recreaba al pueblo en una fecha especial. No obstante, sin duda alguna que el liderazgo se nace y se hace, es el caso del maestro capireño Iván Saurí, actual alcalde del distrito, que con don especial organizaba en las temporadas de verano cursos de reforzamiento, festivales, actuaciones y excursiones.
Con la sucesión de los años he olvidado a muchos de mis compañeros de infancia, pero aún recuerdo con gran cariño a la religiosa de catecismo Sor Gioconda, ya fallecida, que a la hora de dictar clases se revestía de solemnidad y disciplina, pero también de confianza y amor por sus alumnos. Son todos estos recuerdos y sensaciones los que valoro, y siempre será un orgullo haber estudiado en la escuela Federico Boyd de Capira.