¡Feliz Año Nuevo 2017!
Faltan pocos días para el advenimiento de un nuevo año. Deseamos a toda la nación panameña un feliz año 2017. ¡Que en el nuevo año todos sus anhelos se vean colmados y que la paz y la prosperidad reinen en todos los hogares! El año 2016 resultó en extremo calamitoso: durante el curso de su estación de doce meses, los panameños experimentamos acciones de toda índole: políticas, sociales, económicas, culturales, y también por efecto de fenómenos naturales (el incremento de la violencia, del narcotráfico y del crimen organizado en todo el país); aumento descomunal del combustible y del costo de la vida; asaltos y robos a bancos y residencias particulares; pérdida de bienes, residencias, cultivos y de vida por inundaciones y derrumbes en la capital y el interior de la República; desbordamiento de ríos en Chiriquí, Los Santos, Veraguas y Bocas del Toro, dejando una estela de muerte, desaparecidos y destrucción; la profunda crisis educativa y de salud, la inseguridad ciudadana y los constantes cierres de calles por falta de agua potable en distintos sectores de la capital y provincias, lo mismo que las manifestaciones públicas de protesta ciudadana exigiendo "justicia igual para todos", etcétera.
En nuestros días, la gente por lo general, pareciera acostumbrarse a los males sociales que padecemos y mira con gran pasividad e indiferencia la caída de los valores morales; la disolución de todas las jerarquías; las olas de violencia, crímenes, robo y proliferación de vicios que llevan tragedia a los hogares; la falta de respeto y consideración por la persona humana, por la libertad y el pensamiento; y sobre todo, el dogmatismo o sectarismo y el egoísmo que pretenden aplastar al sentimiento y a la razón.
Estamos llegando a extremos tales, que hasta el desaliño en la persona y en el vestir, la grosería en el hablar, el servilismo, el culto a la personalidad, la rudeza en el trato y la agresión verbal constituyen carta de pase en grupos que sustentan la tesis de la destrucción de todo cuanto ha logrado el hombre en el orden moral, de hábitos y actitudes deseables, de honradez y de comportamiento humano en los siglos transcurridos de su existencia.
Cada día se hace más difícil. La actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel; nos acosa la suspicacia y el descreimiento. Nos tientan solicitaciones contradictorias, las que parecieran querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable. Pero es aquí, precisamente, donde cobra mayor importancia el proceso de la educación, puesto que se trata de un estudio de correlación entre medio y hombre, es preciso no olvidar al hombre. Pero eso sí, no de la simple instrucción elemental, ni de la formulación de reformas educativas de orientación populista; sino de la educación como formación integral, moral, física, intelectual; de la educación como humanización del hombre, como único medio de dignificación moral y de emancipación económica y, a su vez, de incorporación plena en la actividad del espíritu y en la solidaridad humana.
Dejamos todas estas reflexiones abiertas a nuestro conciudadanos (gobernantes y gobernados), a los posibles candidatos a la Presidencia de la República y demás puestos de elección popular, para que las analicen durante todo el año 2017, 2018 y 2019. ¡El "Año electoral" por añadidura, con su secuela de incertidumbre y de esperanzas!
*Pedagogo, escritor, diplomático.