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Feria del Libro

Por: Redacción 23/08/2013

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Una nueva versión de la Feria del Libro renueva el encuentro entre los panameños y el conocimiento. En esta ocasión, la novena versión usa metafóricamente el encuentro cultural que coincide con el quinto centenario del descubrimiento del mar del sur, con el título “Descubre un mar de conocimientos”. España y la Santa Sede son los Estados invitados especiales. Quizás la larga huelga de profesores no propicia que los estudiantes de las escuelas paralizadas concurran al Centro de Convenciones Atlapa, como se hizo en circunstancias de normalidad pedagógica, para visitar los pabellones de libros, y asesorados por los profesores, completar su marco de conocimientos extracurriculares. Sin embargo, los gremios se aferran solo a la satisfacción de sus aspiraciones particulares, sin tomar en cuenta que esa visión peculiar perjudica la concepción general de la problemática educativa en la que los estudiantes constituyen prioridad.

Los organizadores de la Feria debieron considerar más la trascendencia histórica del quinto centenario para llevar a cabo mesas redondas, conferencias, y otras modalidades de debate, con la participación de historiadores europeos y latinoamericanos, particularmente especialistas en el siglo XVI, cuyo eje debió ser el encuentro de culturas. Muchos tópicos históricos, étnicos, sociales, culturales en general, ameritan un intercambio de puntos de vista sobre el significado, por ejemplo, de la llegada de Vasco Núñez de Balboa al Istmo; la edificación de Santa María la Antigua, primer poblado en el que convivieron en paz aborígenes e hispanos; el arribo de la gran flota de naves al mando de Pedrarias Dávila y la política genocida contra los naturales que se ejecutó; en fin, hay temas diversos por esclarecer que no pierden vigencia, máxime en una coyuntura en la que hoy se realza la modernización del Canal de Panamá.

Cuando hay profesores y estudiantes que recurren al desencadenamiento de la violencia, es conveniente incentivar la discusión racional de los hechos para el hallazgo de fórmulas de concordia civilizada. Pero si los que debieran ser los motores y difusores del conocimiento se encierran unilateralmente en la primacía de sus posiciones, entonces resulta lesionada la sistematización del diálogo, fuente de la cultura universal. El diálogo y no la fuerza, la razón y no la irracionalidad, la investigación exhaustiva de los elementos insertados en un acontecimiento han permitido el desarrollo de las civilizaciones.

En Panamá, lamentablemente, el diálogo es la última instancia de los problemas, cuando debiera ser la primera. Nos basamos en hipótesis, en lo que se dice por allí, en el bochinche insidioso de patio limoso, para lanzarnos a medidas contra el ordenamiento jurídico, sin reparar en los perjuicios contra terceros.

La Feria del Libro es una buena ocasión para conocer cómo resolvieron los desacuerdos griegos y romanos, franceses y británicos, al advertir que las guerras y conflictos materiales representaron un paso atrás en la marcha de la historia. Por eso han repetido filósofos, historiadores y políticos que los pueblos que no siguen las lecciones de la historia están condenados a repetir sus errores.

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