Festejemos, pero también pensemos en los demás
Han comenzado las fiestas de Carnaval y la economía nacional se activa de una forma impresionante. En todos los rincones del país se busca tener una gran fiesta y disfrutar de estos días que nos permiten hacer el primer alto de 2014, y celebrar las tradiciones que por generaciones han pasado y con las que cada familia ha inculcado de una u otra manera el nacionalismo y orgullo de ser panameño.
En casi 14 años de vivir en Panamá, he podido conocer distintas facetas de los Carnavales, sin embargo, aún no he tenido la oportunidad de conocer las festividades en el interior. Me dicen que Ocú es lo máximo, que Las Tablas con sus reinados ponen la nota al Carnaval, que en la ciudad se disfrutan de forma diferente y que en distintos rincones del país cada familia, pueblo y provincia lo hace de manera singular.
Si bien es cierto usted tiene la dicha de tomar el tiempo libre con su familia y disfrutar de estos días, quiero invitarlo a que por un momento se ponga en lugar de todos aquellos que no han tenido su fortuna y que, sin embargo, han escogido la responsabilidad de servirle en estos días de fiesta.
Me refiero a todos aquellos trabajadores que desde muy temprano se presentarán a trabajar en los restaurantes, hoteles, posadas, ranchos, áreas deportivas, lugares de recreación, marinas, bares, parques y discotecas por mencionar algunos lugares donde usted, sus amigos o algún miembro de la familia recibirá atención y servicio de personas que por convicción, en la mayoría de los casos, han decidido dedicar estos días a la vocación de servir y hacer sentir bien.
Cada una de estas personas deberá trabajar cuando todos se divierten, trabajar a presión por la gran cantidad de personas que seguramente llenarán los diferentes lugares, y donde quizá por el volumen que se genere pueda verse estresado para atenderle como se merece y no cometer errores por la gran cantidad de pedidos o requerimientos que usted pueda tener.
Las mesas de restaurantes que normalmente eran ocupadas por 2 o 4 personas se multiplican por 8 o 10, los amigos llegan y se integran las familias, ordenan y cada uno quiere el platillo de distinta forma, no obstante, muchas veces nos olvidamos que quien nos atiende es otro panameño que ha escogido servir antes que disfrutar.
Se dice que el servicio en Panamá aún tiene mucho que mejorar, sin embargo, mucha de esta mejora está en nuestras manos. Si nosotros nos damos a la tarea de respetar y con calma solicitar las cosas, lo más probable es que todo salga como lo pedimos; personalmente viví estos Carnavales trabajando en hoteles y era muy triste ver como los turistas locales no tenían la calma o la paciencia para aguardar por una mesa, por un rancho en la playa o simplemente por toallas en la piscina.
Recordemos que las fechas son muy puntuales y que nosotros podemos hacer nuestros días libres tan buenos como queramos, no practiquemos el “juegavivo” ni tampoco queramos abusar de las personas que nos atienden; si por algún motivo cometen un error, tenga la calma para pedirle nuevamente las cosas. Los que tenemos la suerte de viajar podemos darnos cuenta de que en “todos lados se cuecen habas”, sin embargo, cuando viajamos fuera de la tierra patria somos más permisibles.
Empecemos a mostrar a nuestros hijos el respeto por los que nos atienden y buscan nuestro confort, valoremos el esfuerzo de cada uno y el valor de buscar satisfacer a miles de turistas locales e internacionales que quieren ser atendidos, agradezcamos legítimamente a las personas que nos brindan con una sonrisa o sin ella el mejor de sus esfuerzos, no cometamos el error de solo criticar y maltratar al que nos atiende por no haber recibido lo que queríamos y mejor aún organicemos con tiempo los lugares o restaurantes a visitar para poder ser bien atendidos.
Si usted practica continuamente el agradecer a las personas por el servicio que nos den, créame que usted recibirá poco a poco más y mejor servicio, quien practica el maltrato y los malos modos para ser atendido, seguramente no logrará su cometido y, al contrario, poco a poco será un cliente no deseado una vez que esto sucede, pues la gente no olvida.
Si en nuestras familias tomamos en estos Carnavales la práctica de agradecer y reconocer a los que nos atienden, estoy seguro de que los Carnavales serán diferentes y quizá cuando usted regrese a ese lugar en otras fechas sea recordado como el cliente amable y paciente que les permitió atenderle, y no como aquel déspota y prepotente que solo buscaba ser reconocido por sus malos tratos sirviendo como pésimo ejemplo para los suyos.
Hoy es domingo y no es tarde para comenzar a practicar esta filosofía de agradecer y reconocer; empezar en Carnavales quizá sea la mejor excusa para hacerlo el resto del año.
Las personas no son recordadas por lo que pidieron… sino por cómo lo pidieron.
¡Felices Carnavales!