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Festival en Guararé


Durante el Festival Folklórico de Guararé, admiramos cerca de 200 grupos de diferentes regiones del país, grupos autóctonos, de proyecciones folklóricas (que bailan todos-iguales), folklor inventado, así como ejecutantes de mejoranas (la guitarrita autóctona de cinco cuerdas) y trovadores de décimas que se acompañan con este instrumento.

El entarimado donde se presentan resulta muy pequeño. Con nostalgia recordamos aquellos festivales de nuestra infancia cuando el entarimado lo constituía el propio poblado de Guararé. En cualquier esquina, en cualquier calle uno se encontraba con grupos autóctonos ejecutando sus danzas y sus cantos.

Pero el tiempo es inmisericorde. “Todo cambia, todo fluye, nadie se baña dos veces en el mismo río”, decía Heráclito de Éfeso, filósofo de la Antigüedad (535 – 475 a.C). Nuestros 63 años nos han enseñado que las cosas no siguen siendo como son en un momento. Esto lo podemos aplicar a las manifestaciones folklóricas de los pueblos.

La penetración del capitalismo en los pueblos y ciudades comercializando el folklor e imponiendo modelos culturales desde las grandes ciudades, ha provocado profundos cambios en las costumbres y tradiciones de los grupos humanos. Recordamos los tiempos en que se entraba a los salones de bailes libremente. Ahora están forrados con alambres, pero estos son cambios mecánicos y no dialécticos. Cambios dialécticos son los que han sufrido –por ejemplo- la música y los instrumentos. Las mejoranas con cuerdas de tripas de puercos han desaparecido dándoles paso a las de cuerdas de “nylon”. Las cumbias primarias como las chorreranas, cedieron el paso a las influenciadas por los danzones cubanos, en el siglo pasado (las de “Chico” Purio y Abraham Vergara entre otros) y hoy experimentamos las influencias de los vallenatos y las baladas en nuestros compositores. Pero lo cierto es que si un hecho cultural es acogido por una sociedad humana y se sigue practicando pasados los 50 ó 100 años, ya se puede considerar folklórico. Igualmente, si una cumbia –por ejemplo- se sigue ejecutando y el pueblo olvida el nombre de su autor, deja de ser típica, para convertirse en folklórica.

Se van ausentando los trecillos de las cumbias modernas, así como el ritmo “sincopado” o “aticompás”, un elemento de la musicalidad africana que había sobrevivido en nuestras cumbias, del cual hicieron galas compositores como Clímaco Batista, en “Norma y su pollera”, por ejemplo, y, Victorino “Nano” Córdoba, en “Transporte Moreno”, entre otras composiciones.

No pretendemos volver al pasado; sería como tratar de “atrapar el viento”, como dice el “Eclesiastés” de la Biblia. Disfrutemos el presente, pues no hay nada definitivo. Cada cosa tendrá su pasado y su porvenir. Nada es “eterno”, sólo el cambio, el movimiento, el Verbo.