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Filosofía en el ocaso


Parece que uno de los efectos más definitivos que tendrá la reforma curricular es la eliminación de la materia “Filosofía” del pensum de la educación media. Los profesores de la asignatura ya han protestado públicamente, pero no parece que sus argumentos filosóficos –no podían ser de otra forma- serán escuchados por una Ministra que parece entender poco de filosofía. Es poco probable que los alumnos extrañen la materia, o que los padres y madres de familia organicen una vigilia frente al Ministerio de Educación exigiendo su re-inserción. No hay señales de que nos aboquemos a una conmoción social de ninguna índole. Nadie echará de menos la enseñanza de la filosofía. En esta sociedad de consumidores de “fast food”, aprendices de “speed keys”, de intereses en busca de un “fast track”, e inventores de un “quick fix”, la parsimonia de la filosofía se sienta incómoda. Su expulsión del colegio secundario no liquidará el pensamiento filosófico panameño, pero a la larga tendrá consecuencias. Para empezar, la formación en filosofía no tendrá un necesario correlato en la vocación docente. La carrera se volverá algo puramente residual e insignificante, si sobrevive a la guillotina de los burócratas. Fuera del claustro, en condiciones adversas, quizás abandone su prolongado e inexplicable silencio. Liberada de las complicidades institucionales, quizás aprenda a interpelar a la sociedad, como ella es y no como querría que fuese. Entonces, quizás, aunque no se le comprenda de modo cabal, se le reconozca el valor que le corresponde.