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Filosofía y ciencias sociales
Conociendo la crisis por la que atraviesan la filosofía y las ciencias sociales en la Universidad de Panamá, planteamos lo siguiente: la historia de las relaciones entre la filosofía y las ciencias sociales, puede ser descrita en forma parecida a como Jean Piaget expone la historia de las relaciones entre lógica y la psicología: en una primera etapa existió una indiferenciación de las ciencias sociales frente a la filosofía, hasta que aquellos pudieron constituirse maduramente en su forma actual aproximadamente hacia el siglo XIX.
En una segunda etapa, desde el siglo XIX, han existido intentos de subordinación recíproca: la filosofía ha procurado reintegrar a las ciencias sociales dentro de su seno -este es especialmente el caso del Idealismo Alemán- y de su parte algunas de las ciencias sociales han tratado de reducir total o parcialmente la filosofía a sí mismas (como es el caso del psicologismo, que quiso reducir la lógica y la estética a psicología) o de superarla, como el sociologismo comtiano, que pretendía que el estudio positivo había trascendido definitivamente al estadio metafísico.
En una tercera etapa, que es aquella en que nos encontramos, la filosofía y las ciencias sociales han aprendido en general, que tanto la una como las otras, tienen sus problemas, procedimientos y funciones propias y que, en consecuencia no deben agotar sus esfuerzos en tratar de subordinarse recíprocamente, sino que deben buscar de coordinar sus actividades docentes.
En este breve resumen nos proponemos examinar cómo puede plantearse esta coordinación, y en este sentido cuál es la contribución que puede prestar la filosofía a las ciencias sociales y, a la inversa, cuál es la colaboración que éstas son capaces de brindar a aquélla. En efecto, se trata no solo de considerar unilateralmente la posible utilidad del filósofo en la ciencia social, sino también la del científico social en la filosofía.
La filosofía es por su origen fundamentalmente un producto griego y occidental, pero que en verdad representa uno de los resultados más altos del espíritu humano y una forma de pensar que hoy en día sigue siendo insustituible. No obstante, pese a que en este sentido las preguntas de la filosofía tienen una pretensión de universalidad, el origen culturalmente determinado de la filosofía al que nos hemos referido ha llevado a ciertas respuestas de carácter más bien particular.
Si por mucho tiempo la filosofía no necesitó legitimar sus respuestas, en nuestra época se observa que debe hacerlo, ya que va siendo desplazada como forma de pensar por la ciencia en general. Ésta ofrece una imagen de la realidad, cuyos resultados pueden ser cotejados a veces (no siempre, porque se hallan en distinto plano) con los de la filosofía. Por ello, la ciencia moderna es actualmente un importante punto de referencia para la filosofía. Se le presenta a ésta como una realidad decisiva, un reto y una instancia crítica. En el caso de las ciencias sociales, sus respuestas permiten poner a prueba los planteamientos de la filosofía.
Estas son a nuestro juicio, en una apretada síntesis, algunas de las utilidades que puede prestar hoy en día la filosofía a las ciencias sociales y a la inversa. Parafraseando una célebre frase de Kant, podríamos sostener que actualmente las ciencias sociales sin la filosofía son ciegas y que ésta sin aquéllas se torna en vacía.
Pedagogo, escritor, diplomático.