Final de campeonato
Final de campeonato y final para la historia. España, campeón mundial del deporte que casi une a los peninsulares: el fútbol. En medio del derroche de expectativas que hizo del domingo 11 de julio, un día extraordinario en el mundo, pero de manera especial, en América, África y Europa, la primera reflexión se refiere a ese espíritu que, aun aceptando una variedad enorme de matices, hizo gritar Goool, a centenares de millones de peninsulares e ibéricos culturales, desde Canadá hasta Argentina, pasando por el Caribe, y desde el Estrecho de Gibraltar hasta literalmente toda Europa, y ese enclave cultural que es Filipinas. Un grito que descubre por instantes el peso descomunal de los afectos que España arrastra por el mundo, gracias, entre muchas otras cosas, a su controvertida historia, que es, en buena parte, nuestra historia.
No son muchos los peninsulares y latinoamericanos que se percatan del inmenso potencial que esta vibración en frecuencia similar puede representar, en el contexto político, cultural y económico de una sociedad globalizada, donde una sagaz utilización de los medios correctos y un ejercicio -ciertamente no fácil ni espontáneo- de racionalidad, constancia y paciencia histórica, produciría frutos insospechados, para todos los habitantes de la inmensa hoya cultural de la hispanidad. Quienes alguna vez impulsaron las Cumbres Iberoamericanas, captaron probablemente la importancia estratégica de ese conjunto de medios que nos hemos dado el lujo de desperdiciar por siglos. Casi todo está por hacer.
