Finalmente entraste en la papa del gobierno
Te levantas de la cama, ya que tu espera finalmente terminó. Luego de meses de campaña política, de repente te viste envuelto en la incertidumbre. Por semanas, escuchabas cómo uno y otro de los otros que caminaron contigo al lado del candidato vencedor cuentan que los llaman y les ofrecen un puesto en el gobierno. Y pasaban los días y tú, nada.
Hasta que finalmente sonó el teléfono. La segunda asistente de la secretaria del nuevo mandatario te llamó. Que fueras a una oficina. Ahí llegas y te encuentras al futuro ministro de una cartera muy importante que te dice: “serás director nacional de…” y tus sueños se hacen realidad. Entras a la papa.
LA CULTURA DEL JUEGAVIVO EN NUESTRO PAÍS NO PREMIA EL ESFUERZO DE LOS EMPRENDEDORES. NO SE APOYA LAS GANAS DE QUIENES PREFIEREN DIGNIFICAR SU VIDA A TRAVÉS DEL TRABAJO CON MICROEMPRESAS. BATALLONES DE JÓVENES SON RECLUTADOS POR POLÍTICOS CADA CIERTO TIEMPO, VENDIÉNDOLES LA ESPERANZA DE QUE SI GANAN, TENDRÁN UN TRABAJO Y GANARÁN UN SALARIO QUE QUIZÁS NUNCA VUELVAN A TENER.
El procedimiento siguiente es el ya conocido. Te das cuenta de que no tienes la ropa adecuada y comienzas a recorrer las tiendas más importantes para apertrecharte adecuadamente. Comienzas a revisar tus catálogos con los modelos más recientes de carros 4x4 que siempre quisiste. Llamas a ese vendedor de bienes raíces que te ha ofrecido una propiedad en un edificio de moda, solo porque él te vio haciendo campaña y su olfato de buen vendedor lo llevó a velar contigo el futuro puesto. Escribes en tus redes sociales que ahora eres una persona con un puesto nacional muy, muy importante. Y, por supuesto, organizas el siguiente fin de semana una fiesta épica para que todos tus amigos sepan que eres un nuevo integrante de la papa.
Lo anterior pasa cada 5 años. Lo que no entiendo es la razón real. La empresa privada en Panamá ya ofrece puestos de trabajo muy superiores a los del gobierno. Ni hablar de las personas que ya tienen su negocio andando y estable, normalmente tienen más capacidad de maniobra personal y la solvencia que el negocio brinda es muy superior a tener un puesto en el gobierno. Pero podría haber una explicación.
Cuando llegas a tu puesto, te encuentras con un batallón de secretarias y otros colaboradores que hacen lo mismo, pero aparentemente son muy necesarios. Adicionalmente, te asignan un carro, un chofer y en muchos casos un escolta. Ahora sí te sientes realmente importante. Ahora sí vas a ir a cada fiesta, baile, discoteca, etc. Ah, pero ni por error vas a respetar la ley. El carro oficial, el chofer y el escolta van contigo así sea domingo en la playa. Todos deben saber que eres muy, muy importante.
Como podrán leer, a estas alturas de la columna aún no he escrito nada sobre los estudios y formación académica. Eso es irrelevante. Si contactaste a la persona correcta, seguro no necesitarás haber terminado ninguna carrera.
El gobierno está lleno de directores nacionales de cualquier cosa con personas que nunca terminaron sus carreras universitarias, en el peor de los casos. Y esto último aplica para todas las administraciones pasadas.
Lamentablemente, la cultura del juegavivo en nuestro país no premia el esfuerzo de los emprendedores. No se apoya las ganas de quienes prefieren dignificar su vida a través del trabajo con microempresas. Batallones de jóvenes son reclutados por políticos cada cierto tiempo, vendiéndoles la esperanza de que si ganan, todos tendrán un trabajo en el que tendrán que hacer el menor esfuerzo y ganarán un salario que quizás nunca vuelvan a tener.
Es casi imposible en Panamá encontrar un funcionario con mando y jurisdicción que haya estudiado algo relacionado con teoría política, gestión pública, desarrollo de políticas públicas, etc. Lamentablemente, nuestros partidos políticos no solo viven una eterna crisis de identidad, también promueven este comportamiento anómalo.
Los líderes de los partidos políticos se convierten en los gerentes generales de una enorme agencia de empleo. Los más inescrupulosos es que no disimulan e incluso realizan inscripciones en sus filas tras pocos días de ganadas las elecciones, para que los ciudadanos que, desesperados por ser parte de esa ejemplar organización política, lo puedan ser lo más pronto posible. Por supuesto, todos lo hacen con la exigua y raquítica hoja de vida en la mano.
Ah, a nuestro amigo, año y medio de aquel día en que se le informó que estaba nombrado, lo llamó su jefe. Hay una crisis y el ministro ha caído en desgracia en el entorno presidencial.
Presentará su renuncia en los próximos días y nuestro amigo es notificado de que debe hacer lo mismo. Ahora le toca meditar si llamar a ese amigo del otro partido que le dijo que se cambiara. Lo que haya que hacer. Hay que pagar muchas deudas y una vida de nuevo rico que apenas se inicia.