Firmeza, pero con prudencia
El gobierno de Ricardo Martinelli ha demostrado una mayor determinación de combatir la incursión e influencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio panameño.
Frenar a las FARC significa a la misma vez poner una barrera contra actividades criminales como el narcotráfico, el trasiego de armas e indocumentados, el contrabando y los secuestros, por mencionar algunas.
Nadie que esté en su sano juicio puede cuestionar la determinación del gobierno panameño de hacer respetar la soberanía panameña y de combatir los actos criminales. Pero también es cierto que las acciones que se emprendan en tal sentido deben hacerse con mesura.
Los ministros de seguridad de Colombia y Panamá anunciaron esta semana la firma de un acuerdo bilateral, cuyo contenido no ha sido relevado, pero que trascendió contiene estrategias sin precedentes en la lucha contra los irregulares en la frontera.
Es obvio que ambos gobiernos no divulgarán pormenores de la nueva estrategia; sin embargo, es oportuno que los panameños conozcamos en qué se gastarán nuestros impuestos y hasta dónde nos involucraremos en el conflicto armado que desangra a Colombia desde hace décadas.
El gobierno panameño debe mostrar firmeza, pero a la vez prudencia. Esta es una fórmula difícil de aplicar, pero hay que tomar en cuenta que decisiones equivocadas nos podrían envolver en una vorágine peligrosa.
