Fondos limitados
En el interior del país, sobre todo en la región de Azuero, los Carnavales son una expresión de trabajo en equipo y persistencia.
Cada centésimo que logran recaudar durante todo el año sirve para financiar los cinco días de fiesta del Carnaval. Las reinas y sus tunas se sacrifican por presentar sus mejores galas en estos días.
La ayuda estatal para esos panameños es limitada o nula, sin embargo, los resultados del trabajo son evidentes cada año. Son miles de dólares que se gastan con la intención de cumplir con su compromiso con cientos de personas que participan de esas fiestas.
En los últimos años, en la ciudad capital sucede todo lo contrario. El Estado saca dineros de los fondos públicos para suplir las necesidades del Carnaval capitalino.
En diferentes administraciones se ha invertido millones de dólares para sacar un Carnaval, dirigido según sus promotores a incentivar el turismo con la llegada de visitantes extranjeros.
A pesar de que en reiteradas ocasiones se ha prometido conceder la organización de este evento a un patronato que también sea responsable de gestionar los fondos, es poco lo que se ha logrado avanzar.
El Gobierno debe ser justo al momento de evaluar una inversión de esta magnitud y limitar su gasto en el Carnaval.
La empresa privada y los sectores que se benefician de esta fiesta deben unirse para organizar este Carnaval. El Gobierno solo debe convertirse en facilitador del evento.
Los dineros que se destinan al Carnaval capitalino podrían ser utilizados para otras obras de interés social, y si lo que se pretende es impulsar el turismo, entonces los fondos deberían ser repartidos equitativamente en todo el país.
Lo justo es lo justo, eso debe quedar muy claro.
