default

Fracasos y mentiras

Por: Redacción 08/08/2014

Todo indica que el tema de los radares es una maniobra política del Gobierno para esconder el fracaso del control de precios. La patraña quedó al desnudo por el enérgico contraataque del exministro de Seguridad, José Raúl Mulino, invitando a polemizar en forma abierta al ministro de Economía, Dulcidio de la Guardia.

El Gabinete aprobó la suspensión de los radares refugiándose en una cortina de humo de ambigüedad típicamente varelista. La suspensión de los pagos de los radares equivaldría a la rescisión del contrato celebrado con la empresa Finmeccanica, abriéndose un frente internacional de posibles demandas de la compañía italiana.

Coincidentemente, Paolo Pozzessere, de Finmeccanica, aclaró en una conferencia de prensa internacional que en el contrato solo se habló de alta tecnología y no se pagó ninguna comisión. Pozzessere desestimó que Ricardo Martinelli hubiera hablado de recompensas. Puntualizó que el contrato establece que se cancele ante cualquier intento de corrupción. Recalcó que la preocupación de Martinelli era la firma de un tratado de doble tributación entre Panamá e Italia, que debe ratificar el Parlamento italiano.

Para esconder su incompetencia, el Gobierno se ha dedicado a anular los compromisos de las obras dejadas por el gobierno anterior. Como el satánico Dr. No, de un film de la serie de James Bond, el Gobierno le dice no a todo. Le ha dicho no al comercio libre con el control de precios; no al seguro que cubría a los turistas extranjeros de riesgos durante su estada en Panamá; no a la actualización de las tarifas del consumo eléctrico; a la cobranza de impuestos mediante una entidad autónoma; a la rescisión del contrato con Mi Bus; a la expulsión de los irresponsables taxis piratas; a los nombramientos de funcionarios idóneos en la administración pública. Continúa las obras de la administración Martinelli; metro, subsidios a adultos mayores, Beca Universal etc.

Hay quienes humorísticamente solicitan que la tortuga sea el emblema simbólico del ritmo quelónico del gobierno varelista, que toma vacaciones en el primer mes de funciones. Hombres y mujeres de a pie están decepcionados del Gobierno por el fracaso de la rebaja prometida de los alimentos de primera necesidad. Ellos no saben de la calibración de los radares, pero conocen al visitar los abastos que los productos controlados son de ínfima calidad, que escasean las papas y el arroz; que los engañaron con piltrafas culinarias.

Cada vez es más claro que ganaron con falsas promesas, con engaños y mentiras. Se han coludido con el Tribunal Electoral para eliminar sin pruebas de delitos electorales a los candidatos de Cambio Democrático. Pretenden defraudar a los votantes con una mayoría de diputados que no les dieron las urnas, en bochornoso entendimiento con magistrados desprestigiados por su apoyo a cambio de reglas para que haya nuevas elecciones en los circuitos impugnados.

Pero para desesperación de los cabecillas de la tramoya electoral, el PRD no tiene legalidad directriz para sostener el cada vez más endeble pacto de gobernabilidad.

El Gobierno está asociado a un partido que está paralizado política y económicamente. El inmovilismo del PRD encadena al Gobierno, atorando la dinámica del desarrollo. Recibieron del gobierno de Martinelli un país con 7.5% de crecimiento, pero, a este paso, eso será solo una leyenda.

 

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026