Fragilidades de la gente
Somos una mezcla de oscuridad y luz, de bien y mal, capaces de lo mejor y también de lo peor. Nuestro yo es multidimensional y se mueve en la polaridad. Necesitamos revisar nuestra actitud hacia esa parte de nosotros que reprimimos, ya que en ella reside una fuente inagotable de riqueza. Estamos haciendo callar a lo mejor y más auténtico de nosotros mismos y alimentando nuestros agujeros emocionales.
Todo intento por evitar o postergar el encuentro con nuestra sombra nos hace incrementar las dificultades para adentrarnos en nuestro mundo y descubrir quiénes somos.
Se habla mucho de la felicidad y es un bien tan preciado que lo convertimos en un anhelo permanente. Existen momentos felices, a veces fugaces, y para vivirlos es necesario estar presentes. La felicidad no es un destino, no es una carrera con meta a la que tengamos que llegar, sino más bien es el camino que transitamos cada día, y en la medida en que estamos más presentes, nos damos la oportunidad de vivir de instante en instante.
Si esperamos el momento de que "todo" nos vaya tal y como queremos para ser felices, nos condenamos a no serlo. Cuando no conseguimos nuestros propósitos, aparece la frustración, con sentimientos de desvaloración, tristeza, decepción, amargura, enfado o irritabilidad. Para cada persona, la profundidad de su malestar está asociada al nivel de sus expectativas.
Nuestros propios agujeros dificultan que seamos tan felices como podemos. Se alimentan de las necesidades que no hemos podido cubrir a lo largo de nuestra vida.
Las personas para las que la felicidad es conseguir valoración intentan validarse permanentemente y solo logran sentirse a gusto a costa del reconocimiento de los demás. Para ello presumen de todo lo que poseen, lo que hacen, los amigos que tienen, al tiempo que desacreditan, desprecian y ridiculizan a los demás.
Muchas personas intentan llenar su agujero siendo afectivamente importantes para los otros. Para ellas, la felicidad consiste en hacer felices a los demás y ponen todo su esfuerzo en lograrlo, olvidándose incluso de sí mismas, sin darse cuenta de que a veces no es posible contentar a todo el mundo.
Pero llenar nuestros agujeros depende única y exclusivamente de nosotros mismos y exige una decisión voluntaria y libre. Es necesario colocarnos en nuestro centro, conectar con nuestras necesidades, deseos y aspiraciones y atrevernos a ser auténticos y honestos con nosotros mismos, eliminando todo lo que no esté en sintonía o nos mueva en una dirección contraria a nuestro mundo interno.
Psicóloga, profesora Universidad de Murcia.