Francisco González Roca
Todos los años, para el mes de marzo, la familia González Ruiz se reúne en una fiesta para celebrar la unión de la familia que por tantos años ha dado personas sobresalientes en el mundo panameño, entre ellos, dos presidentes de la República, como fueron Sergio y Bernardino González Ruiz, ambos médicos y políticos, así como un abogado, Francisco, y dos médicos más, Manuel y Gonzalo. Todos, y sus hermanas Eugenia, María, Eneida y Nidia, fueron o son descendientes de don Francisco González Roca, originalmente de la Roca, pero él se cambió el apellido. La celebración de este año fue dedicada a los 150 años del natalicio de don Francisco, y se llevó a cabo en Las Tablas, en el patio de la casa familiar y como siempre estuvo muy concurrida por la familia.
Hombre inteligente, ocupó en dos ocasiones la posición de gobernador de la provincia de Los Santos.
Don Francisco nació en Tonosí, provincia de Los Santos, el 2 de diciembre de 1865; su padre fue don Tomás González, fundador de ese poblado. Ya grande, vino a vivir a Las Tablas, y un domingo conoció a la señorita Gerardina Ruiz, proveniente del Guayabo de Las Tablas, y se enamoró perdidamente de ella, con quien contrajo matrimonio meses después, fue una pareja feliz gracias a la comprensión y el amor de su esposa. Sin embargo, antes de casarse tuvo tres hijas, dos de las cuales de la misma madre, que un día llegaron a la casa de Las Tablas en dos zurrones en un caballito que conducía don Francisco porque había muerto su madre, y mi abuelo las trajo para que mi abuela las criara como efectivamente hizo Gerardina. Ellas fueron Isabel y Paula que luego salieron casadas de la casa de mis abuelos. También había tenido a Gertrudis, con quien también nos llevábamos muy bien, y aún continuamos una relación familiar con sus descendientes.
Don Francisco fue un visionario de los negocios, fue dueño de alambiques en el cual era un gran comprador de miel, siendo uno de los mayores productores de la época. Tuvo negocio de tienda, de hotel, el cual yo conocí.
Me contaba mi mamá, María, y mi tía Eugenia, que un día llegó a su tienda una señora que le preguntó: don Francisco, ¿a cómo es la yarda de esta tela? y él le respondió: a dos reales, pero no le aconsejo que la compre porque se destiñe. Desde luego, la tienda quebró por ser honesto. Fue además ganadero, y tenía extensiones de tierra convertidas en potreros que trabajaba todos los días. Aún recuerdo cuando transportaba parte de su ganado del potrero de la Tiza al de Tablas Abajo, y eso era fiesta para las niñas porque pasaba frente a nuestra casa.
Hombre inteligente, ocupó en dos ocasiones la posición de gobernador de la provincia de Los Santos. Tenía amigos en Panamá a donde venía con cierta frecuencia, en barco, y esos amigos le recomendaron comprar tierras en Panamá, pero él decía que quedaban muy lejos para poder controlar esos negocios. Una anécdota de don Francisco fue que un día, a las cuatro de la tarde, al regresar del potrero, se sentó en el portal de la casa y mi abuela le preguntó qué hacía sentado allí, y le respondió: he estado observando que en algunas casas del vecindario no ha salido humo en todo el día, señal de que no han podido cocinar, y le dijo a mi abuela que preparara arroz, carne y otras cosas y le enviara comida en la batea para que no se acuesten sin comer.
Fue un visionario de los negocios, fue dueño de alambiques en el cual era un gran comprador de miel, siendo uno de los mayores productores de la época. Tuvo negocio de tienda, de hotel.
Fue un hombre honesto y dejó a la familia la enseñanza de valores en los cuales vivió; fue un gran padre y un excelente abuelo, querendón, comprensivo, pero de mucho carácter. Buen amigo, buen vecino y, sobre todo, nos aconsejaba a los nietos que con él vivíamos. Dejó varios hijos en la sierra, Valle Rico, que cuando venían a visitarlo, para las nietas era una fiesta y, cuando se iban, mi abuela le decía: se va su hijo; esto significaba que le diera algo de plata y así lo hacía. Fue el mejor abuelo del mundo, nunca lo vimos discutir con mi abuela. Practicó y enseñó valores a sus nueve hijos y a sus nietos.