Francisco y la seguridad alimentaria
El ascenso de Mario José Bergolio al trono de san Pedro es, sin duda, uno de los hechos recientes de mayor trascendencia positiva para la humanidad. Esto queda nuevamente demostrado en el reciente discurso que el papa Francisco pronunció en el Vaticano frente a los participantes de la 39.ª Sesión de la Conferencia de la FAO.
El punto de partida del papa Francisco está en entender la alimentación como un derecho humano inalienable de todos los seres humanos. Concretamente propone que el “alimento necesario es un derecho para todos”, agregando que “los derechos no permiten exclusiones”.
Una vez que se establece la seguridad alimentaria como un derecho humano fundamental, la reflexión se dirige a llamar la atención sobre el hecho de que actualmente el mismo es negado a una buena parte de la humanidad. “Vemos por doquier —señala el papa— personas con dificultades para acceder a comidas regulares y sanas”.
El papa Francisco no se queda en la simple enunciación del problema, sino que logra profundizar, de manera acertada, en el tema de las causas, así como de las inminentes vías de solución del mismo. Es así que, en primer lugar, insiste en que el desecho de los alimentos, que afecta a cerca de una tercera parte de la producción alimentaria, es algo que tiene que desaparecer. El tema del uso de los alimentos; sin embargo, no queda ahí, porque el papa también subraya el principio de que el uso prioritario de los mismos es el consumo humano, que atiende “la necesidad humana de quien pasa hambre”. Se trata, entonces, de un objetivo que está por encima de usos, tales como la alimentación de animales y la producción de biocombustibles.
En el plano de la circulación de los alimentos a nivel global, Francisco —siguiendo la visión humanista que lo caracteriza— llama la atención sobre la presencia de una volatilidad de precios que impide “a los más pobres hacer planes o contar con una nutrición mínima”. En este caso, reconociendo que existen causas diversas, destaca el impacto de la especulación sobre este fenómeno, a la vez que asegura que “los productos de la tierra tienen un valor que podemos decir <<sacro>>, ya que son el fruto del trabajo cotidiano de personas, familias, comunidades de agricultores”, y añade que se trata de un trabajo “a menudo dominado por incertidumbres, preocupaciones por las condiciones climáticas, ansiedades por la posible destrucción de la cosecha”.
“EN LUGAR DE DEJARSE IMPRESIONAR ANTE LOS DATOS, MODIFIQUEMOS NUESTRA RELACIÓN DE HOY CON LOS RECURSOS NATURALES, EL USO DEL SUELO; MODIFIQUEMOS EL CONSUMO, SIN CAER EN LA ESCLAVITUD DEL CONSUMISMO; ELIMINEMOS EL DERROCHE Y ASÍ VENCEREMOS EL HAMBRE”
Con esto último entramos a la idea, nítidamente contenida en el discurso del papa, de lo importante que resulta generar las condiciones adecuadas para promover la producción de alimentos. Es aquí, entonces, donde la seguridad alimentaria toma la forma de una visión basada en la soberanía alimentaria. El papa Francisco afirma que “en el Sur… para asegurar el alimento, es necesario fomentar la producción local”. Su pensamiento va más allá, destacando la importancia del uso racional y sostenible del agua: “no basta afirmar que hay un derecho al agua sin esforzarse por lograr un consumo sostenible de este bien y eliminar cualquier derroche”.
En relación con el recurso tierra, el papa llama la atención sobre la necesidad de asegurar el acceso a la tierra de los productores campesinos. En este aspecto, las afirmaciones de Francisco son contundentes: “preocupa cada vez más el acaparamiento de las tierras de cultivo por parte de empresas transnacionales y Estados, que no solo priva a los agricultores de un bien esencial, sino que afecta directamente a la soberanía de los países”.
Todo esto se complementa con la idea de la actividad ambientalmente sostenible, lo que nos permite pensar que la producción con métodos agroecológicos contaría con la plena bendición de este extraordinario papa. De acuerdo con Francisco, “en lugar de dejarse impresionar ante los datos, modifiquemos nuestra relación de hoy con los recursos naturales, el uso del suelo; modifiquemos el consumo, sin caer en la esclavitud del consumismo; eliminemos el derroche y así venceremos el hambre”.
A nuestro juicio, el más importante mensaje que contiene el discurso papal que venimos comentado es, sin embargo, el llamado que nos hace a todos para que nos comprometamos en la tarea de erradicar el hambre de la faz de la Tierra. Se trata de un compromiso que seguramente encontrará la resistencia de quienes han convertido al dinero en su dios, pero que una vez alcanzado por medio de la acción sostenida, que evita desertar, pese a las condiciones difíciles en que se tiene que dar, nos pondrá en la ruta de la verdadera liberación humana.