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Fuera de los límites

Por: Redacción 24/05/2017

Vi tres películas, dos de la franquicia «Dios no está muerto» y la otra «Es cuestión de fe», en las que se plantean las diferencias de siempre entre ateos y teístas, incluso, cómo en algunos países, que en otrora fueron paladines de las libertades, hay castigos para quienes procedan según su conciencia y creencias. Como decía uno de los protagonistas (el profesor Jeffrey Radisson, en «Dios no está muerto», Parte I), que la religión es una enfermedad que debe erradicarse, lo cual interpreto como el rechazo lógico contra quienes, siendo religiosos, no actúan de acuerdo con lo que dicen o aparentan, o podría ser una postura basada en prejuicios, aunque, en el caso de esta película, quedó claro que este profesor tenía una mala comprensión con respecto a la soberanía divina que luego lo indujo al ateísmo.

Sobre la película «Es cuestión de fe», su tema es la controversia entre la teoría de la creación con la de la evolución. Por ser una película cristiana dio preeminencia a la postura teísta, pero me encantó el balance con el que trataron el tema, en el sentido de que el Creador pudo valerse de actos instantáneos como de procesos evolutivos.

Conviene mencionar que la soberanía divina no está encasillada a dogmas (teístas o ateos). En círculos teológicos, filosóficos y científicos persiste el debate acerca de si los “días” de la creación, del Libro de Génesis, fueron de veinticuatro horas o de más tiempo.

En este contexto, recuerdo un planteamiento de la serie documental «Proyecto la verdad», del grupo Enfoque a la familia, del doctor Charles Dobson, consistente en que para que una especie transmute totalmente, de una forma a otra, tiene que pasar por cientos de miles de cambios (genotípicos y fenotípicos) en cientos de miles de años.

Esta serie nos presentaba que, a menos de que se tuviesen las evidencias de todas estas transformaciones, especie tras especie, la evolución no pasa de ser una teoría o, como agrego yo, una mera especulación, que necesita más fe para creer en ella que la fe que se necesita para creer en Dios.

Más allá del valor científico de la teoría de la evolución, aunque yo prefiero pensar más en la capacidad de adaptación o adecuación de algunas especies para su supervivencia y subsistencia, considero que no tiene sentido que la “nada” de la “nada” haya creado y sustente todo lo que existe.

Solo resta decir que el diseño, perfección y complejidad de las cosas inanimadas y los seres vivos, al igual que la complementariedad y dependencia de ellos entre sí, más las energías que sustentan todo, solo pueden ser el resultado de algo o alguien fuera de los límites de lo humano y natural.

Abogado y locutor

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Miércoles 15 de julio de 2026