Fuerzas Armadas chavistas
Según el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, la “Fuerza Armada es bolivariana”, revolucionaria, socialista y chavista “…no es más que el pueblo en armas…”. Más claro no podía ser al remarcar la oposición entre el estatismo, el chavismo y el mercado, que es el relacionamiento pacífico y voluntario entre las personas que acuerdan sus trabajos y actividades a través de los precios y tarifas.
O sea que el mercado y lo violento son opuestos. El estatismo es el uso del monopolio estatal de la violencia para imponerse sobre el mercado, sobre lo que se daría espontáneamente. Es la imposición de la “autoridad” coactiva -personajes artificiales, con privilegios y vocación de dominación enfermiza- que naturalmente no se daría.
Tan amante de la violencia es el chavismo que, sin Chávez, el Gobierno convocó a movilizaciones por el “día de la rebelión”, aniversario del levantamiento armado contra el presidente Pérez, el 4 de febrero de 1992, “rebelión popular” liderada por el ahora “presidente constitucional”, quien aseguró que “sin 4 de febrero, yo no estaría aquí”.
Ahora, si mercado y violencia son incompatibles y, por tanto, voltear violentamente a un estatismo resulta incoherente, ¿cómo se desmantela a los sistemas antimercado, violentos? ¡Con mercado! Que es el “arma” más eficiente y definitivamente invencible. Quien no sabe que el mercado es capaz de desmantelar cualquier dictadura –leyó bien: capaz de desmantelar cualquier dictadura- desconoce lo que es y, por ignorancia, propone soluciones militares que fortalecen a los estatismos.
Entonces, basta con respetar al mercado y dejarlos a su propia suerte para que se terminen. Si hoy subsisten, es por las ayudas externas de quienes no respetan al mercado: por ejemplo, organismos surgidos de los impuestos coactivamente obtenidos de las personas -multiestatales- como el FMI, el Banco Mundial, etc., se dedican a financiar estatismos, y lo mismo los organismos estatales de “ayudas” internacionales. Hace pocos años, Benjamin Powell y Matt Ryan mostraron cómo EE.UU. y sus socios en la OECD han contribuido con ayuda “humanitaria” al sostenimiento de los 20 peores dictadores del planeta que recibieron US$ 55,000 millones.
La lista de medidas contrarias al mercado que ayudan al estatismo es larga. La militar (ergo, estatal) “guerra contra las drogas” sirve para financiar grupos terroristas como las Farc.