Fuga griega del euro
Cuando el mundo ingresa a celebrar las Olimpiadas, la mayor competencia deportiva de todos los tiempos, el país que inventó esos juegos se convierte en la pieza que puede dar un gran golpe a la primera moneda trasnacional. Si antes de la II Guerra Mundial la economía global estaba dividida en torno a varias monedas, tras la derrota nazi hubo una que remodeló al globo: el dólar estadounidense. No obstante, apenas esta hundió al rublo y venció en la guerra fría, se abrieron las condiciones para que las antiguas potencias europeas crearan el euro, una moneda que empezó a crecer incluso dentro del patio trasero y latino de Norteamérica e incluso fue planteada como alternativa de divisa por varios exportadores de petróleo y otras materias primas.
Hoy el euro sufre su mayor crisis y es muy probable que poco antes o poco después de las Olimpiadas, que se darán entre julio y septiembre, la nación donde está el Olimpo lance una jabalina al euro y se corra de este.
La retirada griega ha de crear varios problemas en los mercados y sentará un precedente que podrá influenciar a las alicaídas economías de Portugal, España e Italia, e incluso al futuro del sistema financiero europeo.
A pesar de su pequeño tamaño, población y economía, Grecia mantiene una tremenda influencia cultural sobre su entorno. Europa fue forjada por los helenos. La filosofía, literatura, ciencia, arte, religión y gran parte de la nomenclatura lingüística de Europa se la deben.
El griego fue la lengua franca comercial y cultural del mar Mediterráneo y de su entorno (siendo entonces más importante de lo que hoy es el inglés en el mundo globalizado). En griego se escribió el segundo testamento y se expandió el primer cristianismo.
Desde el punto de vista puramente económico, Grecia tiene un poco peso pero su salida del euro desequilibrará esta moneda y le quitará el sustento moral de estar anclada en la madre de la civilización europea.
Isaac Bigio/ Analista Analista internacional
