Fundación sin libertad
El rechazo a cualquier incremento salarial, incluyendo el mínimo, ha venido convirtiéndose en una especie de artículo de fe entre los miembros de la Fundación Libertad. Es así que frente a la tragedia que significa el aumento de precios para la población trabajadora del país, uno de sus directores ha afirmado que “el peor remedio es imponer salario mínimo, aumento general de salario y congelar precios”. Esta es una posición que contrasta con la del presidente Nicolas Sarkozy, conocido político promercado, quien tomando en cuenta la realidad internacional ha venido pidiendo que se regulen inmediatamente los mercados de los bienes primarios, a fin de evitar la especulación, así como las potentes tendencias hacia la crisis que genera.
En contraste con esto último la posición del fundamentalismo criollo de mercado no solo olvida que las presiones inflacionarias internacionales están vinculadas con la creciente especulación observada en el mercado globalizado, sino que pasan por encima el hecho de que en Panamá la especulación local con los bienes de primera necesidad hace que esta inflación sea aún más pesada para la población en general. Analizando las estadísticas del INEC se puede comprobar, por ejemplo, que entre el 2004 y el 2010 la tasa de crecimiento de los precios al por mayor para el grupo de los alimentos y bebidas creció en 24.3% y 32.7% para el caso de los productos importados y los de origen industrial local, respectivamente. En contraste con esto los consumidores tuvieron que enfrentar un incremento de precios de 41.6% para este tipo de productos, mostrando la evidencia de la especulación comercial.
En su intento de argumentar a favor de lo que ellos entienden como liberalismo, el fundamentalismo criollo de mercado ha llegado a afirmar que el Estado no debe intervenir en la economía debido a que “en el mercado rige la incertidumbre”. Se trata de una extraña forma de intentar un argumento a favor del laissez-fair, teniendo presente, como lo debe saber todo aquel que haya leído con atención la Teoría General, que Keynes, tal como bien lo ha subrayado recientemente Paul Davidson, demostró que en condiciones de incertidumbre de mercado la intervención de las políticas públicas no solo es conveniente, si no que necesaria.
Pese a todo, lo que más llama la atención de la posición que venimos analizando es su desconocimiento de la importancia del salario mínimo y su sentido profundamente ético. Su esencia fue claramente definida por el Papa Pío XI quien en su Encíclica titulada Quadragesimo Anno, promulgada el 15 de mayo de 1931, afirma que “hay que dar al obrero una remuneración que sea suficiente para su propia sustentación y la de su familia”. En otras palabras, se trata de una institución que constituye una de las bases fundamentales de lo que Amartya Sen ha llamado el desarrollo como libertad, en este caso libertad de las ataduras de la miseria material y del agotamiento de la fuerza de trabajo. No comprender esto es simplemente tratar de construir la economía nacional sobre una fundación sin libertad.
