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Fusionar no basta


La iniciativa de fusionar la Dirección de Migración con la Autoridad Nacional de Aduanas para mejorar la lucha contra el crimen organizado es positiva y habla bien de los deseos de Panamá para combatir la corrupción interna que existe en estas dependencias.

Durante su visita a Washington, el presidente Ricardo Martinelli reveló que las leyes panameñas serán reformadas para lograr esta fusión y conseguir que la nueva dependencia esté bajo la tutela del Consejo de Seguridad Nacional.

Martinelli dio pocos detalles sobre la fusión y se limitó a decir que la iniciativa está inspirada en el modelo que rige en Estados Unidos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

El ICE fue creado en 2003, luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y tiene amplias funciones que, según investigaciones en Estados Unidos, se han prestado para cometer actos de corrupción y de abuso de autoridad.

Si bien es cierto que el ICE ha hecho más efectiva la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo, también hay que destacar que ha sido blanco de escándalos públicos por la pérdida de drogas y dinero.

El propio Congreso de Estados Unidos ha denunciado que por las fronteras marítimas, terrestres y aéreas se introducen grandes cantidades de drogas, dinero y seres humanos con la complicidad de funcionarios del ICE.

En Panamá, la Dirección de Migración y la Autoridad de Aduanas han sido duramente cuestionadas por la corrupción imperante durante largos años en lo más profundo de ambas instituciones.

La sola fusión no logrará frenar este flagelo ni tampoco el que sean supervisadas por el Consejo de Seguridad.

Es cierto que se trata de una decisión acertada y que muestra el interés del Gobierno de frenar esta situación. Sin embargo, si no se despolitiza el Consejo de Seguridad y se dota a estas instituciones de herramientas tecnológicas adecuadas y se mejoran las condiciones laborales del personal, poco será lo que avancemos con la fusión.