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Gabriel García Márquez: periodismo y novela

Por: Redacción 22/04/2014

Solo un puñado de periodistas venezolanos recordaba el paso de Gabriel García Márquez como redactor de la revista Momento, que, años después, yo dirigí siete años cuando la adquirió el Bloque de Armas. En Momento también trabajaron Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Rangel, Luis Herrera Campins. García Márquez escribió una célebre crónica sobre el impacto de la falta de agua en Caracas, narrando que un turista norteamericano se afeitó con agua mineral en el hotel Avila. Es que el periodismo es decisivo en su concepción de la narrativa por lo que le considero un precursor del Nuevo Periodismo en mi reciente libro “Teoría y Práctica del Nuevo Periodismo”. El periodismo no solo fue su escuela de escritor, sino que fue la semilla estilística de su versión personal del realismo fantástico. Viajando por las tierras tropicales de Colombia conoció la historia de una anciana venerada por facultades de bruja y médium. En El Espectador publicó una crónica sobre la anciana de la Ciénaga, que consideró la fuente del cuento “Los funerales de la Mama Grande”, que es, también, la matriz narrativa de personajes femeninos, como Úrsula y Remedios de “Cien años de soledad”.

Sin embargo, la narrativa no se encuadra únicamente en la tendencia del realismo mágico, cultivada —antes que él— por Miguel Ángel Asturias en “Hombres de maíz”, Juan Rulfo en “Pedro Páramo” y Alejo Carpentier en “El reino de este mundo”. García Márquez fue eminentemente un realista en novelas como “La hojarasca” —publicada en gran tiraje por Manuel Scorza en el festival del libro de Colombia—, “El coronel no tiene quién la escriba”, “Crónica de una muerte anunciada”, “El general en su laberinto”, “El amor en los tiempos del cólera”. Ciertamente hay un hálito mágico omnipresente en novelas y cuentos. Pero hay que reconocer que sus notables facultades de observación de personajes y escenarios fueron forjadas por el periodismo suministrador de hechos verídicos, también de recuerdos y memorias. En una breve conversación que tuve con Gabriel en Lima, adonde llegó con Vargas Llosa, le sugerí el tema del famoso cauchero peruano Arana, que motivó un conflicto bélico entre Perú y Colombia. Pero me dijo que Arana le parecía que se asemejaba a Fushía, contrabandista y tratante de blancas, personaje de “La casa verde” de Vargas Llosa.

“CIEN AÑOS DE SOLEDAD” PROPULSÓ LA CELEBRIDAD INTERNACIONAL GANADA A PULSO, ENTRE DECEPCIONES Y SACRIFICIOS, HAMBRE FÍSICA Y HARTAZGO LITERARIO. ES LA NOVELA LATINOAMERICANA MÁS TRADUCIDA Y MÁS VENDIDA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. UNA CRISPANTE NOTORIEDAD LE ARRUINÓ LA VIDA, SEGÚN CONFESÓ ÉL MISMO. SE CONVIRTIÓ INEVITABLEMENTE EN CIEN AÑOS DE POPULARIDAD.

Dentro de la perspectiva de la narrativa latinoamericana, García Márquez cierra el penúltimo ciclo del boom, fenómeno editorial y literario, integrado al principio por Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, y a continuación Jorge Edwards, Manuel Puig, José Lezama Lima, Reinaldo Arenas, y otros. Vargas Llosa es el supérstite de una generación de la que desaparecieron de este mundo Cortázar, Fuentes y García Márquez. “Cien años de soledad” propulsó la celebridad internacional ganada a pulso, entre decepciones y sacrificios, hambre física y hartazgo literario. García Márquez vivía en México en medio de una austeridad colindante con la pobreza. Escribió guiones cinematográficos y colaboraciones periodísticas intermitentes. Un día le dijo a su esposa que se encargara de la manutención de los hijos porque iba a encerrarse a piedra y lodo para escribir su gran novela, la obra que lo sacó de un virtual anonimato. Remitió el manuscrito a la editorial Losada, cuyo lector, el crítico español Guillermo de Torre, la rechazó. Finalmente Sudamericana la publicó. Poco después las impresoras rechinaron ante la gran la demanda. “Cien años de soledad” es la novela latinoamericana más traducida y más vendida de los últimos tiempos. Una crispante notoriedad le arruinó la vida, según confesó él mismo. “Cien años de soledad” se convirtió inevitablemente en cien años de popularidad.

El periodismo fue su pasión. Abandonó el estudio del Derecho para dedicarse al reporterismo que lo habituó a escribir contra el reloj. Sus biógrafos relatan las vicisitudes que pasó Gabriel para ganarse la vida en Bogotá, Nueva York, París y México. Ahora podemos conocer su historia antes de que lleguen los historiadores, como escribió en “Los funerales de la Mama Grande”.

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Viernes 7 de agosto de 2026