Gana el centro (con la segunda vuelta)
Nunca se graduó. Nunca pisó una universidad. Sin embargo, Luiz Inácio Lula da Silva ha sido uno de los mejores presidentes de Brasil.
Su camino a la Presidencia tuvo varios tropiezos. Tras perder tres veces las elecciones, accedió al poder en segunda vuelta en 2002.
En el camino, dejó su perfil radical de izquierda y se acercó al centro del arco político. Así, en 2002, fue elegido presidente con el mayor número de votos en la historia de la democracia brasileña: el 61%.
Por un lado, la segunda vuelta electoral premió a Lula, pero por el otro obligó al sindicalista a moderar su posición inicial.
Lo mismo ocurrió ayer con Ollanta Humala en Perú: tras su fracaso inicial, accedió al poder en la segunda vuelta electoral dejando de lado sus posiciones extremas y girando al centro. Eso hizo que captara una masa de votos, la gran mayoría de los electores, proclives a apoyar planes más moderados de los candidatos.
Y esa es una de las consecuencias de la segunda vuelta: para poder acceder al poder, los partidos más extremos del arco político (tanto de izquierda como de derecha) deben morigerar sus propuestas para captar a los votantes más conservadores (del centro del arco político).
Eso ocurrirá en Panamá si se implementa la segunda vuelta: para poder ampliar la base de votantes, todos los partidos deberán moderar sus posiciones, sino no tendrán posibilidades de llegar al Palacio de las Garzas. En esa ecuación, se incluye al Suntracs y su partido político.
Claro que este escenario favorece a los partidos tradicionales (CD, PRD y Panameñista). Pero no siempre, como se vio en Brasil y Perú, esa lógica resulta la correcta.
Así, la segunda vuelta electoral –que debe ser implementada mediante una reforma electoral y no por una ley, como impulsa el gobierno de Ricardo Martinelli- obliga a moderar y competir por el centro.
¿Se dará esa lógica en Panamá? Habrá que esperar hasta 2014 si se concreta la idea del Ejecutivo.
