Generamos violencia o activamos un cambio positivo radical

Por: Redacción 08/08/2017

Los niveles de violencia cotidiana que se están experimentando en los últimos años como sociedad son el resultado de un mal manejo de la ira y una ineficiente solución de los conflictos. ¿Debemos hacer ajustes? Definitivamente que sí y, para ello, uno mismo tiene que ser el motor de cambio. Hace unos días, conversaba con el siquiatra forense Alejandro Pérez sobre los niveles de violencia que se están dando en el país y comentaba que cuando empezamos a sentir discordia, sembrar odio y no creer en nada: ¿qué estamos cosechando? Una modalidad violenta.

Si como ciudadanos empezamos por amargarnos ante eventos que no han ocurrido, entonces, estamos cultivando más escenarios que nos llevan a conductas violentas. Es aquí donde tenemos que entender como sociedad que problemas siempre habrá, y con ello debemos aprender a ser eficientes en este ambiente hostil que vivimos. El problema no es que nos pongamos ansiosos, es amargarnos por gusto, me decía el psiquiatra.

En estos momentos y, aunque no nos detengamos a pensar en ello, existen muchos factores sociales negativos que se están uniendo, entre ellos una sociedad que tiene desequilibro con la riqueza del país; problemas serios en educación, ética, valor y moral que empieza en la familia y deformaciones académica; pérdida de valor religioso, desencuentro con la identidad y la cultura, vacíos en el conocimiento y sensibilidad social, falta de credibilidad en las instituciones del Estado y desprecio por la clase política de la cual solo se ve el clientelismo y la corrupción.

Todos estos factores hacen pensar que existe una alta probabilidad de tomar la justicia por la mano y se ve más evidente cuando las nuevas generaciones no perciben liderazgo en la sociedad, sin que importe si el líder es bueno o malo, es que sencillamente no se identifica y, por ello, nos encontramos muy susceptibles a la violencia.

Se trata de un estado de pérdida de cohesión social y todo eso se suma en Panamá para mostrar que como sociedad estamos experimentando un problema de manejo de la ira. Esto puede crearnos una sensación de desesperanza, sobre todo cuando percibimos que el futuro pinta a más de lo mismo y esta lucha que llevamos no va para ningún lado o esa derrota que a diario sufrimos hace que uno deje de luchar.

¿Y qué debemos hacer como sociedad? Tenemos que dejar de pensar solo en cinco años: gobierno nuevo, plan nuevo. Esto nos plantea un primer problema. El otro, y coincido con el psiquiatra, es que institucionalmente se trabaja como en islas. Debemos ser parte del cambio, pero todos juntos y unidos con objetivos claros a largo plazo. Todas las instituciones se activan por su lado y ese ego no funciona si no hacemos un solo programa que facilite el trabajo para que todos podamos aportar. De nada sirve que hagamos centenares de programas que duran poco. Hay que pensar en grande, unidos todos, pero empecemos a trabajar en nosotros mismos. Si un auto se cruza en el camino de manera abrupta, tengamos paciencia. Salgamos de casa entendiendo que hay tranques. La solución sí depende de nosotros, por nuestro futuro, por nuestro país.

Comunicador social.

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