Genocidio aéreo
Estados Unidos y Alemania afirman que el avión de Malaysia Airlines fue derribado por un misil lanzado por los secesionistas prorrusos de Ucrania desde una base bajo su control territorial. Dado que los rebeldes no tienen capacidad armamentística, las reglas de la lógica llevan a señalar al gobierno ruso de Vladímir Putin como proveedor de los misiles tierra-aire. Sin embargo, otras hipótesis apuntan a imputarle al Gobierno de Ucrania la responsabilidad de la barbarie.
La caja negra recogida por los rebeldes puede aportar indicios limitados sobre si la nave se desintegró en el aire por fallas mecánicas o por un arma con capacidad para destruir un Boeing 777 que volaba a 10,000 metros de altura. Pero las causales técnicas difícilmente esclarecerán si prorrusos o ucranianos dispararon el misil que exterminó a 295 seres humanos ajenos al conflicto.
Existe un antecedente significativo en el historial de ataques a los aviones comerciales. En 1983, un avión de la compañía Korean Airlines, que volaba hacia Seúl, fue derribado por militares de la Unión Soviética, y causó la muerte violenta de 269 civiles sudcoreanos. El Gobierno soviético adujo que la nave había sobrevolado instalaciones de armamento nuclear ruso presumiblemente para filmarlas. Las razones de seguridad de los mandos soviéticos no pudieron justificar su destrucción. Habría bastado una nota de protesta del Gobierno por el supuesto sobrevuelo, sin recurrir a una violación de los derechos humanos de esa magnitud.
La historia vuelve a repetirse casi con los mismos actores. Los rebeldes han derribado antes aviones militares ucranianos obviamente con la ayuda militar de Rusia para sostener a los que quieren ser rusos y no ucranianos. La intromisión rusa podría llevar la crisis a niveles inesperados, si el Consejo de Seguridad de la ONU aceptara la tesis norteamericana basada en informaciones de inteligencia militar de que el misil fue lanzado desde un área controlada por los rebeldes.
La Guerra Fría escalaría posiciones indeseables, más allá de las sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea aplicadas a empresas rusas por el galopante expansionismo territorial ruso. Vladímir Putin declaró antes de la destrucción del avión malasio que las rivalidades reconstituyen la Guerra Fría. Pero esta no se sabe hasta dónde se recalentaría si se llegara a probar que el misil es de tecnología rusa.
Un portavoz del Pentágono asevera que Estados Unidos tiene pruebas muy sólidas de que el avión fue derribado por un misil SA-H desde una posición controlada por separatistas prorrusos, probablemente desde el lado ucraniano de la frontera. El embajador ruso en la ONU responsabilizó a las autoridades ucranianas por no haber cerrado el tránsito aéreo en una zona de combate.
Afectado por la muerte de 189 holandeses, el primer ministro de Holanda advirtió que no descansará hasta que los responsables sean juzgados, después de que se despeje la incertidumbre. Malaysia Airlines, que ha perdido dos aviones en dos sucesos infortunados, solicitará que las organizaciones internacionales de aeronáutica investiguen la causa del accidente y dispuso que los aviones se desvíen de volar sobre territorio ucraniano.
La Unión Europea examinará la crisis ucraniana, mientras que el presidente Barack Obama pide que se permita la labor de los investigadores en la zona del conflicto con un alto al fuego.