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Gente dispuesta a servir

Por: Redacción 23/11/2013

José Carlos García Fajardo /fajardoccs@solidarios.org.es (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

El voluntario llega espontáneamente, como llegan a nuestra vida los amigos, con su carga personal de cualidades y defectos, con una historia que contar. Con el voluntario se puede hablar con la seguridad de que no está diagnosticando enfermedades ni prescribiendo remedios.

Hay profesionales de los servicios sociales que piensan que su área todavía no se ha asentado en el imaginario social con la suficiente fuerza y que los voluntarios son un peligro para su futuro laboral. Antes habría que estudiar la cantidad de puestos de trabajo que ha creado el movimiento voluntario para la preparación de programas que requieren de una supervisión profesional o para la coordinación de los propios voluntarios.

La creciente especialización en diversas áreas de los servicios sociales ha supuesto un logro importante como base permanente de atención a los más desfavorecidos. En algunos países se ha consolidado un sistema de solidaridad institucionalizada que se asume como algo obvio y obligatorio para las administraciones públicas.

Dentro de este sistema de protección social, los profesionales (médicos, enfermeras, trabajadores y educadores sociales, monitores diversos, psicólogos, terapeutas ocupacionales) desempeñan una función central e imprescindible, mientras que los voluntarios sociales asumen su papel subsidiario, al servicio de los propios profesionales o coordinados por ellos.

Sería un grave error que el voluntario hiciera de su servicio una actividad profesional porque ni su compromiso ni sus conocimientos ni su dedicación serían los adecuados. Y, aunque lo fueran, podría ser una intromisión laboral. Aunque el voluntario posea cualificación para atender profesionalmente a una persona, no debe hacerlo. Más bien, deberá derivarlo hacia el profesional de referencia. Un voluntario que no sea médico de profesión no podrá diagnosticar, prescribir medicamentos o poner un tratamiento a un enfermo cuando actúe como voluntario, salvo en un caso de urgencia.

Tampoco podemos condenar a los excluidos o a los enfermos a que solo se relacionen con su familia cercana, si la tienen, y con los profesionales que los atienden. El voluntario entra en el hueco descubierto de la amistad, del cariño, de la fraternidad, de las relaciones humanas abiertas y espontáneas de las que se ven privadas las personas en exclusión.

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Miércoles 12 de agosto de 2026