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Glorioso Chile


La alarma y el pesar se apoderaron del mundo por el inminente peligro de muerte de 33 personas que quedaron atrapadas a 700 metros de profundidad a consecuencia de un derrumbe en la Mina San José en Copiapó, Chile. Allí hubo misas bajo cielo abierto en sufragio por los cautivos en medio de la consternación y el llanto de sus respectivos familiares.

Providencialmente los mineros no se dejaron arrastrar por la desesperación. Se alojaron en un lugar menos expuesto y se impusieron un riguroso régimen alimenticio a base de raciones. Además los mineros le dieron al mundo una elocuente demostración de lo que es un pueblo culto en el que la educación y deseos de superación alcanzan a los ciudadanos de los más modestos niveles sociales. Desde su cautiverio solicitaron que se les enviaran libros.

Frente a esa tragedia el gobierno de Chile rápidamente actuó sin escatimar esfuerzos para luchar por el rescate. Y el cuadro que ofreció al mundo por su diligencia y el profesionalismo con los cuales se manejaron las operaciones del caso fue tan admirable como ejemplar.

A no ser por la forma en que se desarrollaron las actividades del rescate por parte del gobierno y de quienes lo protagonizaron, millones de personas estaríamos hoy profundamente adoloridas. ¡Gloria a Chile!