Gobernar por decreto
La forma de gobernar del actual gobierno parece una crítica permanente a las reglas democráticas. Si alguien protesta contra sus medidas debe estar preparado para recibir a inspectores, auditores o algún funcionario de entidad coercitiva del Estado. Lo ocurrido con la empresa del presidente del Consejo Nacional de Periodismo, es un buen ejemplo. La desaparición del control previo y el mazo utilizado, en primera instancia, por el propio presidente de la República hacen parte del novedoso estilo. A finales de los años 80 cuando los taxistas trataron de paralizar la ciudad con una huelga, los camiones de la Acción Cívica despedazando autos fueron un argumento irrebatible. Como van las cosas nada extraño tendría ver nuevamente esas imágenes en la acción de un gobierno que mientras sanciona y destituye a una “pinchadora” local protege a una extranjera. En el comportamiento de la administración Martinelli se percibe un parecido, cada vez mayor, con el estilo utilizado por la dictadura. En los últimos meses gobernar por decreto se ha convertido en la constante y no en la excepción, como si los mecanismos democráticos carecieran de validez. Los decretos de gabinete recuerdan a los que surgían de la Comisión de Legislación de la Dictadura, y que al final terminaron con reformas a la Constitución. Parecen tener razón en ciertos círculos que encuentran en el estilo del actual gobierno rastros torrijistas. Ello podría explicar la cantidad de tránsfugas del PRD que hoy acoge el partido de gobierno.
