Gobierno al servicio de la cultura
Sería plausible que los problemas del país, así como la religión, nos unan en un solo haz de voluntades. Bocas del Toro, Coclé, Colón, Chiriquí, Darién, Herrera, Los Santos, Panamá, Veraguas y las comunidades indígenas tienen la misma responsabilidad: educarse para participar en la ampliación del acervo cultural. Por eso, la nación panameña entera, consciente de ello, nos reclama un gobernante abnegado, estudioso, tolerante, justo, generoso, de carácter firme, sin dejar de ser bondadoso, en una palabra: un ciudadano culto.
SIN APRENDIZAJE NO HAY PENSAR. HE AHÍ LA RAZÓN FUNDAMENTAL POR LA QUE ES IMPERATIVO Y NECESARIO QUE SEA ELEVADO A REPRESENTANTE DEL NUEVO NACIONALISMO PANAMEÑO UN CIUDADANO CUYO SISTEMA DE IDEAS GRAVITE SOBRE LA NECESIDAD DE UN FENÓMENO DE CULTURA PARA LOGRAR UNA MAYOR INTEGRACIÓN SOCIAL EN PANAMÁ.
Necesitamos en Panamá un presidente que sea capaz de reunirse con las inteligencias más esclarecidas, incluso de los sectores de oposición, para dialogar seriamente sobre los problemas de gobierno y recibir de sus interlocutores valiosos aportes y oportunas observaciones. Un presidente cuya fe en el mejoramiento del pueblo sobreviva las peores pruebas, con el convencimiento de que se puede confiar en el dictamen del pueblo, cuando al mismo se le informa bien de los hechos. Naturalmente que con ese proceder estaría contribuyendo a alejar toda sospecha insidiosa, toda duda respecto a sus buenas intenciones, y estaría renovando el espíritu nacional, en el sentido de marcar un florecimiento de las ciencias, las artes y las mejores cualidades humanas.
Las últimas elecciones populares -efectuadas en 1994, 1999, 2004 y 2009- demostraron una verdadera solidaridad panameña. Antes, tal vez ignorábamos la magnitud del potencial del desarrollo político del país: no teníamos conciencia de los grandes beneficios que podríamos todos obtener al manifestar en Panamá una verdadera democracia. Pues bien, fuimos entonces solidarios. Pero la solidaridad es un movimiento formalista, una emoción adjetiva, a fuerza de pura emoción un mero vínculo sentimental que necesita para caracterizarse ser algo sustantivo, políticamente determinado.
Panamá, afirmaría cualquier ciudadano progresista- en las pruebas democráticas de las elecciones nacionales antes mencionadas, fue solidaria con Panamá. Bien, muy bien, pero ¿qué es Panamá? Ahora ya lo sabemos: Panamá es fundamentalmente un pueblo humanizado, cristiano, que se aúna, se organiza, se caracteriza por su vocación de justicia, sobre todo y ante todo, cuando ve amenazada su libertad, su soberanía, su independencia, su derecho inalienable de vivir con dignidad, en paz y en desarrollo. Así como lo demostró en el pasado, en varias jornadas patrióticas, hace más de una centuria (la cita con la patria en 1953; la gesta heroica del 9 de Enero de 1964; las negociaciones con los Estados Unidos de América hasta la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977 y la transferencia del Canal a Panamá el 31 de diciembre de 1999).
Cada día nuestro pueblo toma conciencia de que la política nacional, sin embargo, está compuesta por hombres y mujeres poco cultivados, sin formación humanista y científica, ni tradición estudiosa; son, salvo algunas excepciones, políticos improvisados. Y es que muchos de estos hombres y mujeres públicos nuestros no se han compenetrado aún de que el pensamiento no es una actividad espontánea, de que sin aprendizaje no hay pensar. He ahí la razón fundamental por la que es imperativo y necesario que sea elevado a representante del nuevo nacionalismo panameño un ciudadano cuyo sistema de ideas gravite sobre la necesidad de un fenómeno de cultura para lograr una mayor integración social en Panamá.
Hoy en Panamá, ahora en plena campaña electoral para elegir, sobre todo, al próximo presidente de la República, cuya cita está prevista para el domingo 4 de mayo próximo, se ha planteado finalmente la lucha por el poder entre cuatro grandes fuerzas políticas: el Partido Revolucionario Democrático (PRD), de oposición, liderado por Juan Carlos Navarro; la “Alianza el Pueblo Primero”, oposición, compuesta por el Partido Panameñista y el Partido Popular, liderada por Juan Carlos Varela; el Partido Frente Amplio por la Democracia (FAD), también de oposición, liderado por Genaro López, y el Partido Cambio Democrático (CD) y su aliado, el Partido Molirena, del oficialismo, que lidera José Domingo Arias.
En la persona del futuro presidente elegido democráticamente, el nacionalismo deberá purificarse y transformarse en ímpetu para la promoción de la educación y la cultura. Es este el compromiso que impone a los panameños las exigencias de perfeccionamiento de nuestra sociedad del siglo XXI.